JUEVES 21 DE OCTUBRE DEL 2004 / EDICION No. 23609 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Cambiaron el “cadáver”

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. Los “muertos” fueron los Yanquis

Johnny Damon se destapó en el juego decisivo al conectar dos jonrones, uno de ellos con las bases llenas, para guiar a Boston a un histórico triunfo.

 

Edgard Tijerino

Sé que es difícil de creer, pero... ¡Ocurrió amigos! La evidencia está ahí. Alguien cambió los “cadáveres”. Los “muertos” son los Yanquis de Nueva York, no los Medias Rojas de Boston.

Anoche en el parque de Nueva York, viendo a los de Boston masticar el orgullo y la arrogancia de los newyorquinos, el mundo del beisbol se preguntaba aguijoneado por el asombro: ¿Cuál maldición?, ¿cómo fue posible esto?

Ningún equipo había sido capaz de reaccionar a una desventaja de 0-3 en la postemporada. Y los de Boston lo hicieron, heroica y espectacularmente.

Anoche aplastaron a los Yanquis 10-3 en el séptimo y decisivo juego, burlándose por ahora del supuesto maleficio del Bambino, 85 años después de aquella ruidosa negociación que le permitió a Babe Ruth, convertirse en la más grande figura del juego, con los Yanquis, no con los Medias Rojas.

No, no puede ser, decían más de 50 mil aficionados que, golpeando las paredes con sus cabezas, buscaban las puertas de salida en el más significativo escenario del juego, Yanqui Stadium.

Esa es la mayor grandeza del beisbol: la presencia constante de lo inesperado. Ningún otro deporte abre tanto espacio a lo imprevisible, como éste. Cada lanzamiento, cada swing, cada búsqueda de pelota, es un enigma tan grande como la Esfinge.

Después de perder los tres primeros juegos, 10-7, 3-1 y 19-8, un inconfundible “olor” a difunto se extendió por todo Boston, y cubrió, fúnebremente, el Fenway Park.

Sin Curt Schilling y sin Pedro Martínez, todo parecía consumado, y cuando David Ortiz decidió el cuarto juego con un jonrón en el episodio 12, todos consideramos que se estaba alargando la agonía. Sólo eso. Nadie lo tomó como una amenaza.

Pero, una segunda victoria consecutiva, encendió las luces amarillas de los semáforos mientras la Serie regresaba a Nueva York, al coloso de la calle 161. Fue entonces que al equilibrarse las posibilidades con un heroico pitcheo de Schilling en el sexto duelo, los rascacielos de la capital del planeta comenzaron a retorcerse, y tambien a sudar.

Finalmente, presenciamos el giro brusco. Dos jonrones de Johnny Damon, uno de ellos con bases llenas, el tercero de David Ortiz, otro de Mark Bellhorn, y pitcheo lo suficientemente sereno de Derek Lowe, empujaron a los Yanquis hacia el abismo, y Joe Torre se sintió tragado por la tierra.

Si alguna sorpresa quedaba pendiente, fue ver a Pedro trabajando innecesariamente como relevista, en lugar de estar con su brazo metido dentro del hielo para el sábado, cuando se inicie la Serie Mundial.

Los Yanquis lo agredieron en un inning con par de dobles y un sencillo, y produjeron dos carreras, acortando distancia 8-3. Un jonrón solitario de Mark Bellhorn contra Tom Gordon, puso el 9-3, antes de la décima en el noveno remolcada por el colombiano Orlando Cabrera.

Unas frase aparentemente tonta pero con tanto contenido, dicha por Yogi Berra en un rapto de inspiración, lo dice todo sobre el beisbol: el juego no acaba hasta que se acaba.

El año pasado, los Yanquis parecían “amortajados” y Pedro estaba en la colina de los infartos, cuando se salieron del ataúd, hicieron explosión, y arrebataron dramáticamente el banderín de la Liga Americana.

Hoy, la sorpresa cambió de acera y de uniforme.

Fueron los Medias Rojas quienes se pusieron de pie en las puertas del cementerio, y se volcaron sobre los Yanquis saltando sobre la maldición, para eliminar al equipo con planilla de 180 millones de dólares, que en los últimos juegos, pareció ser un Rolex falso, de esos que venden en la Calle Canal del barrio chino, a 30 dólares.

FUE UN ERROR

Utilizar como relevista a Pedro Martínez en el séptimo inning con el juego 8-1. Aún si hubiésemos visto a Pedro ponchar a 9 en fila, fue una equivocación del manager Terry Francona, afectado quizás por el temor a la maldición.

Si el año pasado “decapitaron” a Grady Little por haberlo dejado mucho tiempo, en una decisión discutible, no totalmente cuestionable, medio mundo se sorprendió de verlo en la trinchera con esa diferencia, sabiendo que el sábado, se canta el Play Ball en la Serie Mundial.

Pedro fue bateado rápidamente. Doble de Hideki Matsui, doble de Bernie Williams y hit de Kenny Lofton, fabricaron dos carreras, y una vez pasada la pequeña tormenta, Francona envió al montículo a Mike Timlin.

¿Cómo diablos se le ocurrió a Francona usar a Pedro? ¿Será que llamó por teléfono a Grady Little?

La Serie Mundial entre los Medias Rojas y el ganador de la Nacional entre Astros de Houston y Cardenales de San Luis, que se enfrentarán esta noche, iniciará el sábado en el Fenway Park de Boston.
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