VIERNES 12 DE AGOSTO DEL 2005 / EDICION No. 23899 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE




Ruido

María J. Pérez

Quiero expresar mi inconformidad como ciudadana en cuanto a la repulsión que causa el ver como el sector protestante de este país a través de sus influencias con los diputados, logró distorsionar la aprobación de la Ley Especial de Contaminación del Ruido.

Independientemente del credo religioso que cada quien profese, la tranquilidad pública es algo a lo que todos tenemos derecho. No debemos olvidar también que “tu derecho termina donde empieza el mío”.

Es evidente la proliferación de las iglesias protestantes y sus actividades dentro de barrios y demás lugares . Debemos ser tolerantes con las demás personas en cuanto a sus opciones de credo religioso, pero para alabar a Dios no es necesario distorsionar el nivel de audición de las personas que se encuentran cerca, bastaría con que modulen sus decibeles de sonido y establezcan horarios dentro de horas hábiles.

Pero podemos ver que las campañas se extienden más allá de las 10 de la noche con niveles de sonido que espantan a cualquiera. No se puede excluir de estas actividades ruidosas los niveles exagerados de bocinas que tiene el transporte urbano colectivo y taxis en los que he podido observar que cuando uno transita y se encuentra con un semáforo en rojo, no ha terminado de cambiar a color verde cuando ya están tocando la bocina para que la persona arranque al instante.
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