Duelo
Mina Nelson
Gran impacto emocional me causaron la actitud y las palabras del señor Presidente de la República, ingeniero Enrique Bolaños, durante el funeral de Jorge, su amado hijo, en la ciudad de Masaya.
Allí no estaba el gobernante sino el padre adolorido; no el político, sino el ser humano despojado de toda vanidad, entregando un trozo de su vida a la madre tierra; derramando lágrimas sobre el ataúd; destrozado por la inesperada separación, pero declarando con profunda fe cristiana su esperanza en el reencuentro prometido por el Creador.
Allí estaba el Enrique Bolaños que he conocido; el hombre noble que no esconde sus sentimientos; el que abre el álbum de su vida ante propios y extraños; el que ama y sufre; el hombre cuya conducta se rige por valores morales y espirituales; el que piensa que gobernar es una función de patriotas y que el quehacer de un líder está ligado al destino y el bienestar de los pueblos.
El progenitor selló su duelo con una vehemente exaltación de las bondades y las capacidades de su hijo. El terrible vacío lo siente en su hogar y en su gobierno, porque Jorge le sirvió con sus asesorías y sus críticas constructivas, sin reclamar emolumento alguno, impulsado por el espíritu de solidaridad con los nicaragüenses.
He dicho que Enrique Bolaños pertenece a una especie que se extingue, porque ya no hay hombres de su calidad humana, entereza, convicción democrática y su fibra patriótica. ¡Lo estamos desperdiciando entre las fieras de la jungla política!

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