Europa
Luis Sánchez Sancho
Europa —que fue llamada así porque la blancura de su piel brillaba de manera esplendorosa—, era hija del rey de Tiro, Agenor (quien a su vez era hijo del dios Poseidón y de la ninfa Libia), y de la reina Telefasa. Por lo tanto Europa era hermana de Cadmo, el legendario creador y divulgador del alfabeto griego.
Tan bella era Europa que se decía que le había robado sus encantos a Hera, la esposa de Zeus. Y así debió ser porque Zeus se enamoró de ella cuando la vio un día retozando en la playa con sus amigas. Y quiso el enamoradizo dios supremo poseer a la bella Europa de inmediato, para lo cual ordenó a Hermes que llevara el ganado de Agenor a la playa y luego se convirtió en un hermoso toro que pacíficamente se acercó a las hermosas vírgenes que jugaban junto al mar.
Europa se acercó al hermoso animal, lo acarició, le puso una guirnalda entre los cachos, le dio de comer en su mano y, animada por sus compañeras, se montó sobre su lomo. De inmediato el toro corrió hacia el mar y nadó hasta la isla de Creta, donde la amó y la poseyó apasionadamente.
Agenor ordenó a sus tres hijos varones que fueran a buscarla y que no regresaran hasta encontrarla y llevarla de regreso. Cadmo, uno de los hijos de Agenor y hermano de Europa, partió en compañía de Telefasa, su madre, quien quería ella misma encontrar y recuperar a su hija amada. Pero Telefasa murió en el camino. Entonces Cadmo fue a Delfos a consultar al oráculo de Apolo, y la pitonisa le dijo que debía desistir de la búsqueda de su hermana, en cambio tenía que seguir a la primera vaca que encontrara en el camino, y donde se detuviera el animal debía fundar una nueva ciudad.
Así lo hizo Cadmo. Pero en el lugar donde se detuvo la vaca había un fiero dragón que el hermano de Europa tuvo que matar. Apareció entonces Atenea, hija de Zeus, y le ordenó a Cadmo que arrancara los dientes del dragón y los sembrara en la tierra. Entonces, de cada uno de los dientes nació un gigante armado y todos ellos pelearon ferozmente, hasta que sólo quedaron cinco. Estos fueron los fundadores de las primeras familias (la nobleza) de la nueva ciudad a la que Cadmo puso el nombre de Tebas.
Entre tanto Europa permanecía en Creta, donde se pasaba el tiempo lamentándose de su infortunio y pidiéndole a los dioses que le permitieran regresar a su hogar. Una noche de cielo limpio en que las estrellas brillaban con todo su fulgor, Afrodita observaba a Europa y escuchaba sus lamentos. Y desde lo alto del cielo la diosa del amor y la belleza le habló a Europa: “¿Acaso ignoras que eres amante de Zeus el todopoderoso? ¿No te das cuenta que él ha llegado hasta ti, con amorosa mansedumbre, para que le quiebres los cachos? Apaga tu llanto, porque en honor de tu hermosura una de las mejores partes del mundo llevará tu nombre. Además, te casarás con el rey de la tierra en que vives ahora, que es el centro del mundo (Creta), y allí vivirás feliz para siempre”.
Y así fue que el continente que era poblado por la gente de piel blanca, como el de la bella princesa fenicia que había sido engañada, seducida y amada por Zeus, fue llamado desde entonces con el nombre de Europa.

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