Carlos Garzón: Orden Rubén Darío
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 | Por su destacada labor cultural esta semana fue condecorado con la orden Rubén Darío en el grado de comendador |
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Carlos Garzón. |
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Arnulfo Agüero
“Garzón orfebre es un ejemplar único que viene del Chiriquí y de la Solentiname precolombinas, que hereda la revolución del barroco y su fantasía incorporadora sin dejarse tentar por el culteranismo, y sigue y sigue, cantando el oro con Rubén, haciendo clásico el abalorio con los vanguardistas, avanzando, siempre avanzando, poniendo pie en piedras preciosas, para atravesar el tiempo y llegar al futuro prometido”, afirmó en noviembre de 1995 el poeta Pablo Antonio Cuadra.
PAC con mucha autoridad y certeza, fue el primero en ponerlo en contacto directo con el mundo del arte y la cultura de rescate a inicios de los años setenta.
Otro que le impartió la pasión por el arte de la pintura nicaragüense y sentir hasta volverse coleccionista y “curador fortuito”, fue el pintor indigenista Leoncio Sáenz, y la mejor prueba es su extensa colección de obras —pinturas, dibujos y murales— que posee.
Su pasión extrema por las artes ha pasado los límites de la afición, llegando a constituirse en un verdadero mecenas, no solo de pintores sino de escultores, ceramistas, cantautores, músicos, teatristas, danzarines, boxeadores, y hasta de misses… en un mundo donde la cultura, presupuestariamente ha sido abandonada al naufragio de las “políticas culturales”, ostracistas y oscurantistas de los regímenes de turno.
Esta interrelación cultural, entre los intereses del oro, el arte y la historia, igualmente lo ha llevado a coleccionar piezas de la más variada arqueología precolombina y edades.
También ha cultivado la creatividad del arte en oro, plata y piedras preciosas, diseñando innovaciones para el arte sacro de la imaginería religiosa, de santos, vírgenes, relicarios, anillos de monseñores, medallones y pectorales, —muchas dignas de museos— los cuales han sido materializados artísticamente en sus talleres por sus discípulos, sus hijos, Daniel, Rafael, Ana María, Carla, y su valioso equipo de joyeros de planta.
Su trabajo en la joyería nicaragüense la inicia bajo influencias de sus padres, el minero chontaleño Antonio Garzón y Migdalia Bellanger (nieta del inmigrante alemán, Carlos Bellanger). Este diseñador en oro, plata y piedras preciosas, nacido en La Libertad, Chontales un 24 de diciembre de 1943, llegó a Managua en 1950 como un migrante más, acompañando a sus numerosos hermanos y madre que llevaba en la alforja sólo 35 córdobas y un mundo de sueños.
Su primer maestro fue Don Carmelo Ortiz quien lo acogió en su taller en el Calvario, Managua. Este pequeño taller era visitado por ilustres orfebres de la época, como Porfirio Ávalo y Esteban Torres Quiñónez. Por lo que desde muy joven compartió historias con otros orfebres de prestigio nacional, como el propietario de la joyería La Princesa, que era manejada por el español Ubaldo Ríos. Igual con Ernesto Espinosa, Renato Magnali, maestros que ejercieron mucha influencia en la grandeza de la orfebrería y filigrana.
Esta necesidad de aprender el arte lo llevó a conocer los trabajos de joyeros leoneses como Don Isidro Moreira, en Chinandega con Manuel Aguirre; en Granada con Alfonso Cerrato y René Garay; en Masaya con Valverde; en Bluefields con Mairena y en Estelí con un orfebre de apellido Barreda. Su deseo de saber y promover más el arte de este espléndido oficio lo llevó a compartir escenarios internacionales con los reconocidos maestros del detalle preciocista del Perú, como Mauro Meza, Gregorio Cachi. Con Rodrigo Facio en la Casa de la Moneda, en México, y con el pintor Oswaldo Guayasamín, en el Ecuador, de quien aprendió algunos de sus diseños para joyas, ya que éste tenía su joyería.
Siempre explorando el sentir de los poetas y artistas, Carlos se mantuvo en contacto más activamente en los años ochenta y noventa, con los poetas María Teresa Sánchez, Pablo Antonio Cuadra (quién lo dio a conocer por primera vez en la Prensa Literaria), Guillermo Rothschuh Tablada, Álvaro Urtecho, Iván Uriarte, al igual que con los pintores Leoncio Sáenz, Alberto Ycaza, Orlando Sobalvarro, Genaro Lugo, Carlos Montenegro, y Jorge Tablada en su exposición en galería Epikentro con la muestra Arte en Oro de las Cruces de Amerindia. Muchos de los diseños de sus joyas tienen esa escuela abstracta figurativa que han desarrollado estos pintores. En ella hasta han retomado algunos diseños de los tapices que dio a conocer el poeta Pablo Antonio Cuadra y los ha llevado al arte en oro, con las variantes propias que da el metal y su ingeniería. Otros de sus diseños han retomado las máscaras del Toro Huaco, el Güegüense y el perro indígena, Xulo.
Esto le ha permitido a su edad madura alcanzar sus méritos al haber participado en exhibiciones internacionales como la Exposición de París, en Francia del 2003; la expo de Arte Sacro en Managua (Centro Cultural 2002); Primer Encuentro Hispanoamericano de Orfebrería, en Perú 2001; Arte en Oro, Barcelona de 1998; en la XXVI Asamblea de la OEA en Panamá de 1996; Octavo Foro de Ministros de Cultura de C.A., en el Teatro Nacional Rubén Darío, en 1996. Canto a Chontales, en conjunto con los pintores Carlos Montenegro y Orlando Sobalvarro, en el Teatro Rubén Darío en 1995; Expo Anual del Día Hispanoamericano-INCAE, 1991 y Expo NICAFER 90 - Miami.
Su labor ha merecido reconocimientos: una de ella es la Orden Mecenas del Arte y la Cultura, dada por el Instituto Nacional de Cultura en 1998, por su labor de humanística cultural. Nombrado Presidente Honorario del Clan de Intelectuales de Chontales. Ciudadano del Siglo 2000, del Banco del Café. Reconocimiento al Arte, por la Casa Nacional del Artista de Nicaragua. Reconocimiento al Arte en Oro, por la Asamblea Nacional en 1996. Y en 1983, Primer Premio de Joyería nacional de Nicaragua.
OPINIONES SOBRE GARZÓN
Distintas personalidades de la vida nacional, poetas, religiosos, historiadores, pintores, han dado sus opiniones sobre este orfebre y mecenas.
“Para nosotros, don Carlos Garzón representa nuestra identidad a plenitud. Él es un chontaleño ciento por ciento. Uno de los picos más altos de nuestra Chontaleñidad. Convertido en un auténtico mecenas, ha hecho posible la publicación de muchas obras de calidad literaria, las que por su generosidad, hoy han salido a luz y circulan con éxito tanto en Nicaragua como en el extranjero”. Guillermo Rothschuh Tablada
“Me causa mucho agrado que La Libertad, Chontales haya dado artistas como nuestro buen amigo, el arquitecto de la orfebrería Carlos Garzón que en cada pieza que diseña muestra su arte y buen gusto, para orgullo de la nación”. Cardenal Miguel Obando y Bravo.
“Don Carlos Garzón, además de sus méritos como pionero en el campo de la orfebrería, es un reconocido mecenas de las artes en Nicaragua. De su propio patrimonio, Don Carlos ha hecho significativos aportes para estimular a los artistas nicaragüenses y ayudarles a realizar sus propósitos culturales”. Carlos Tünnermann Bernheim
“Carlos Garzón, de Chontales, nacido en la tierra de centauros, la tierra áurea por excelencia de Nicaragua, bien pudo ser en una vida anterior o existencia pasada, discípulo aventajado del gran maestro orfebre Benvenuto Cellini o quizás tenga sus ancestros en algún taller iconográfico de un monasterio medieval en el esplendor del Arte Bizantino”. Leoncio Sáenz
“Carlos Garzón, caballero del oro, de la plata, Midas de cuanto ve y toca, ahora, en reciprocidad, me toca tocarlo con mi poesía reunida”. Álvaro Urtecho
“Carlos Garzón ‘Maestro del oro’, con sus prodigiosas manos, establece una nueva fase, enriquece la orfebrería de filigrana retomando y renovando diseños modernos bellamente tratados, su obra entrega un legado a las generaciones futuras, una contribución a la cultura nicaragüense”. Genaro Lugo
“Mecenas de pintores, colecciona sus obras y, como artista del oro que es, logra más, mucho más que adornos finos. Admiremos, pues, los diseños de este Cellini criollo que rescata y renueva la orfebrería de Nicaragua que una vez fue la tercera productora de oro sobre la faz de la tierra”. Jorge Eduardo Arellano
“Conocí a Carlos Garzón hace algunos años, cuando yo apenas comenzaba a reaccionar frente a los despreciables resultados de las modas de la vanguardia revolucionaria de este siglo. Yo empezaba a llenar de joyas mis cuadros y apenas comenzaba a diseñar los marcos de las joyas que deberían ser los cuadros. Él era joyero. Yo intentaba hacer joyas del arte y él intentaba hacer un arte de la joyería…”. “Mejores y más valiosas son las joyas del arte y el arte de la joyería que la basura de los basureros que las modas han vendido como arte, sin ser arte, en las más grandes estafas del siglo y del milenio”. Alberto Ycaza 
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