JUEVES 19 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23814 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE



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A la espera del milagro

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Josefina Vannini

En los últimos días La Prensa publicó una in- vestigación sobre cierta secta de “pastores” que estafan a la gente a través de la venta de sal, amuletos, revistas, cuentos y demás, con la promesa de que sus deseos serán cumplidos si compran tal o cual artículo. Además, exigen de los pobres inocentes —que llegan desesperados— el diezmo de un sueldo que posiblemente nunca tendrán.

A pesar del engaño, la gente sencilla sigue comprando sal que no cura, periódicos que cuentan las “mentiras milagrosas” y cediendo el dinero que no tienen.

Esta historia me llevó a reflexionar sobre otra secta que en 1978 llevó a cientos de ingenuos a la Guayana con la promesa de conquistar la Tierra Prometida, pero los hechos nos demostraron que la gente era abusada, explotada y que al final tuvieron que recurrir a un suicidio en masa para guardarle lealtad a un esquizofrénico corrupto llamado Jim Jones. En esa oportunidad, 978 personas tomaron una “pócima santa”. El día del suicidio Jones les dijo a sus fieles: “Hagamos de hoy un día maravilloso. Esto no es un suicidio, es un acto revolucionario”. Y los dundos murieron…

Similar historia se repitió en Waco, Texas en 1993, cuando 90 y tantas personas fueron quemadas vivas, después de cincuenta días de permanecer sitiadas, bajo los mandatos de otro loco esquizofrénico llamado “David Koresh”.

Estos reportajes sobre las grandes e incomprensibles estafas a la inteligencia humana me llevaron a pensar que a la gente del PLC les pasa algo similar que a los “fieles” de las sectas en mención.

Desde hace tres años a esta parte, la población ha sido testigo del enajenamiento de los diputados y demás funcionarios liberales que prácticamente han entregado todo a la espera del milagro. Con sales, periódicos y diezmos les han arrancado la conciencia, la voluntad y el prestigio además de la razón. Ya no hay lógica que funcione en esos cerebros más que la idea fija de seguir las instrucciones desde El Chile dirigidas a lograr la liberación de Alemán, a cualquier costo (aún la inmolación).

En esta carrera desbocada por el milagro, estos personajes han traicionado sus ideales —si es que algún día los tuvieron— poniendo en riesgo la estabilidad económica y social del país habiendo entregado las instituciones a la gente más corrupta que ha pasado por la historia de Nicaragua. Han bloqueado proyectos de ley que hubieran sido beneficiosos para la población y han apoyado otros de corte populista a sabiendas del daño que producirán. Han pisoteado a sus amigos y a sus propias familias; sus nombres han salido en las primeras páginas de los periódicos con señalamientos de corrupción y sus tristes imágenes las hemos visto en la televisión, con la voz entrecortada, desestimando la medida de sus desvisados.

Según ellos, ninguno ha sido corrupto ni terrorista. La realidad es que sus términos de referencia han sido borrados por el enajenamiento en el que viven y no son capaces de ubicar sus acciones dentro de un marco de valores.

Obviamente es corrupto el que comete actos reñidos con la ley, pero también lo es quien se asocia con corruptos y en esto los liberales han sido campeones. Además, a causa de esta asociación también se han merecido el calificativo de terroristas debido a que sus máximos “partners”, los sandinistas, lo han sido, lo siguen siendo y lo serán en el futuro. La historia nos demuestra que ni cuando se vuelven millonarios dejan de ser terroristas.

Dicho esto me gustaría hacer un llamado a la reflexión de mis correligionarios liberales para que decidan si vale la pena continuar destruyendo la vida de miles de nicaragüenses, privándolos de la posibilidad de salir de la miseria, además de seguir manchando la dignidad y la honra de sus propias familias a la espera de un milagro que ni la sal, ni los periódicos, ni el diezmo podrá producir. Menos a estas alturas cuando ya los rojinegros consiguieron todo a cambio de nada y un fenómeno llamado “Herty” no les permite pagar el costo político de la liberación de Alemán.

Quien no aprende del pasado está condenado a repetir los mismos errores. Sería hora que dejaran de hacer el papel de dundos y volvieran la vista hacia atrás para darse cuenta de que la gente con la que se han asociado —y que los ha estafado— los seguirá manteniendo en el filo de la navaja como hasta ahora, chupándoles hasta la última gota de sangre hasta que les quede sólo el cascarón seco para después desecharlos como hace la araña cuando caza una cucaracha.

La autora es comunicadora.
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