DOMINGO 2 DE OCTUBRE DEL 2005 / EDICION No. 23950 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Reportaje especial
El desorden invadió a Managua

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. En los últimos 15 años Managua se ha convertido en una mezcolanza de ciudad. El rostro que ahora presentan los residenciales y los barrios ya no remite al sosiego familiar, sino a la seriedad de los negocios. Los vehículos sustituyeron a las personas en las aceras, y llegar a casa no siempre es un alivio

Los establecimientos comerciales en la capital se han tomado las principales avenidas. Antiguas casas residenciales hoy han sido convertidas en establecimientos comerciales de distinta índole.

 

Wilder Pérez R.
nacionales@laprensa.com.ni

Hoy en día, pasear por las principales vías de Managua sólo resulta placentero para un consumidor compulsivo.

Ya no hay viejitas en las aceras, ni chavalos jugando beisbol, las ventanas de las casas fueron cerradas para siempre y convertidas en murallas de vidrio, o se hicieron gigantes para despachar mejor a algún cliente desde antes que ingrese a los jardines de mesas y sillas plásticas.

Las acacias de los años ochenta y las palmeras de los noventa dieron paso en este siglo a armazones metálicas que anuncian dónde comer o comprar la mejor vestimenta, y algunas hasta se jactan de hacerle perder al conductor “cinco segundos de su tiempo” aunque en realidad sean menos, sin incluir los accidentes que causan.

La falta de nomenclatura al final fue una bendición para esta selva de negocios, porque hasta resulta más fácil tomar como referencia la esquina de un edificio famoso para llegar a cualquier dirección.

Al fondo de las vías están las casas, pero ahí también los médicos y abogados recién graduados, o desempleados, ya empezaron a poner sus rótulos y a recibir a sus clientes, de modo que cada vez menos habitantes escapan de ser afectados por el crecimiento desordenado del comercio.

DESPUNTÓ EL ORIENTAL

Los habitantes de Ciudad Jardín fueron los primeros que lo vivieron, cuando el Mercado Oriental se les comió prácticamente todo el residencial.

Muchos vendieron sus casas, las que fueron convertidas en almacenes o grandes distribuidoras de productos específicos.

Los que aún quedan ni siquiera pueden descuidarse dentro de sus casas, y los carros deben permanecer bien encerrados en sus garajes.

Pero los habitantes de residencial Los Robles no necesitaron estar cerca de ningún mercado para sufrir consecuencias similares.

Hoy esa zona está plagada de hoteles y restaurantes, lujosos edificios, bufetes de abogados, clínicas, discotecas, centros de oficinas, plazas de compra, gasolineras y hasta dos grandes funerarias que en algún momento preparaban a los difuntos e iniciaron la práctica de incineración de cadáveres en el local, situado en el residencial.

Está demás decir que circular por las calles de Los Robles podría ser incluso más complicado que recorrer la pista Juan Pablo II, porque hay muchos vehículos que no encuentran parqueo en los negocios que visitan.

Hasta los sitios olvidados por el tiempo, como Bello Horizonte, hoy vuelven a cobrar vida.

Al parecer los comerciantes recordaron que la rotonda de Bello Horizonte fue en los años ochenta uno de los principales puntos de ocio para los managuas, y pensaron en que la llama no se apagó del todo hace diez años.

Pero esta vez no se limitaron a la rotonda, y al no haber más espacio, se tomaron las calles principales en tres de los cuatro puntos cardinales, sobre todo en el Este, y a excepción del Norte.

Así fueron desapareciendo las casas de la antigua clase media del país en ese sector, para dar paso a bancos, restaurantes, centros tecnológicos, tiendas, y almacenes.

Todavía hace diez años, los negocios principales ahí eran la Foto Cristal y la panadería de la esquina.

En este año el negocio del pan desapareció y el estudio fotográfico apenas se hace ver entre los inmensos rótulos de sus vecinos, a través de la eterna fotografía en blanco y negro de una jovencita, de pelo liso, que sonríe.

Menos traumático es lo que ocurrió en Belmonte, donde una universidad creció a ritmo vertiginoso y compró tantas propiedades como pudo, trayendo serios problemas a las ambulancias del hospital Fernando Vélez Paiz cuando intentaban ingresar a la Sala de Emergencias, porque el parqueo universitario no fue suficiente.

Se necesitó reordenar la circulación de los vehículos en el sector para solucionar este problema, pero ahora no son pocos los conductores que se arriesgan yendo contra la vía, para evitar dolores de cabeza en la otra punta de la universidad.

A POSTERIORI

De esa manera las autoridades capitalinas aliviaron un poco la situación local, pero se repitió la norma: las soluciones sólo se hacen después que el comercio desordena.

Las medidas preventivas siguen siendo deseos por cumplir.

“Lo malo es actuar a posteriori”, reconoce Gerald Pentzke, Director de Urbanismo, de la Alcaldía de Managua.

Pentzke argumenta: “Lo que pasa es que, a como nacen estas cosas, de pronto ¡poom! apareció el rótulo de la Universidad de Managua, y ya estaba ahí, y ya había comprado varias casas y estaba dando clases dentro de las viviendas”.

SIN EJE

Sin embargo, el funcionario asegura que desde 1972 no ha podido ser de otra manera, porque la municipalidad siempre ha tenido en sus planes reconstruir el antiguo centro de Managua y ordenarse a partir de ahí, pero hasta ahora ha sido imposible debido a la situación de pobreza en que vive Nicaragua.

La ausencia de ese centro, según Pentzke, ha sido la razón fundamental por la que Managua ha tenido un crecimiento desordenado.

En otras palabras, la ciudad es como una pelota de beisbol sin su caucho, y por eso el comercio ha tenido que establecerse en los lugares donde está la mejor infraestructura, amplios accesos, y donde los servicios de agua, luz, teléfono, etcétera, están garantizados, es decir, en las residenciales donde viven los pudientes.

VÍAS DE COMERCIO

Ante la incapacidad de la Alcaldía para regular el desarrollo comercial, que el funcionario señala como normal en un país tan pobre como Nicaragua, lo que se hizo fue mandar al olvido los centros de comercio y aceptar las denominadas “vías de comercio”.

Con esta definición, la Alcaldía decidió hace unos cinco años, dar licencias para negocios en las pistas y calles principales de Managua, hasta con una profundidad de 100 metros.

“La idea es que, como no se puede recuperar lo perdido, al menos no perder lo que todavía está”, afirma Pentzke.

El problema es que los negocios a veces se extienden más allá de lo que permite la comuna. Pero según el funcionario, se trata de pequeños establecimientos que ni siquiera solicitan el permiso de operación ante la Oficina de Urbanismo.

“Cuando nos remodelan una casa y no pasa por control de Urbanismo, probablemente nuestros inspectores nunca lo detecten, hasta que vemos el rótulo afuera”, expresa el funcionario.

LAS CONTRADICCIONES

En ese momento es cuando Pentzke reconoce las debilidades de un sistema que va más allá de los controles de la Alcaldía.

Por ejemplo, Urbanismo no otorgaría una licencia para una oficina o establecimiento comercial en una casa al fondo de un barrio, sin embargo, la oficina de Recaudaciones no piensa de la misma manera.

El problema se complica más cuando se trata de restaurantes o discotecas, pues con el permiso de la Policía Nacional y el Ministerio de Salud, que no tienen comunicación fluida con Urbanismo, las cosas les son más fáciles al comerciante frente a la Alcaldía.

Es lo que ocurre con el Rincón Costeño y el bar Pirata Cojo en Bello Horizonte. Ambos establecimientos, con servicio de bar y restaurante, han arruinado la paz que existía en la casa de Filadelfo Martínez, quien se ha quejado sin éxito ante la Policía Nacional.

Pentzke asegura que Martínez debe quejarse ante la Alcaldía, pero coincide con el afectado en que si la Policía no extendiera permisos para vender licor en lugares tan cercanos, ubicados en un residencial, el problema sería menor, porque la gente llega ahí por el alcohol.

Y el alcohol atrae mariachis, a medianoche música a alto volumen hasta la madrugada, vehículos que provocan embotellamientos, borrachos y dueños pleitistos, además de continuos conatos de incendio porque los restaurantes consumen más energía de la que se diseñó para una vivienda familiar.

ESPERAN CAMBIO

A pesar del caos, Pentzke está seriamente convencido de que la situación en la ciudad cambiará en menos de diez años.

¿Las razones? Según el funcionario, la mayoría del comercio sufre la falta de parqueo, entonces, aunque los negocios se mantienen, cambian de dueños con frecuencia. Además, cada vez aparecen más centros comerciales con rentas más accesibles, y por tener mejores condiciones, están jalando a los comerciantes a agruparse.

Por lo pronto, la salvación a corto plazo es que se triplique el número de inspectores (hay cuatro) e inicie el proyecto de las grúas para autos mal estacionados. Pero aún no hay presupuesto.

“POBLADORES DEBEN RECLAMAR”

El Director de Urbanismo de la Alcaldía de Managua, Gerald Pentzke, asegura que si la gente se quejara más seguido, la comuna les solucionaría sus problemas con más frecuencia.

Esto se debe, según el funcionario, a que actualmente la Alcaldía sólo cuenta con cuatro inspectores para toda la ciudad, por lo que son los pequeños negocios, indetectables en su montaje, los que provocan los mayores problemas a los vecinos.

Pentzke afirma que la Alcaldía ya ha cancelado permisos a establecimientos por causa de denuncias, y si las quejas llegan a su oficina no dudará en actuar, siempre en dependencia de la gravedad del caso.

En este sentido, los afectados deben acudir a las delegaciones de cada distrito de la ciudad, para que haya una atención más inmediata.

Para hacer más eficiente el trabajo, el funcionario dice que necesitaría contar al menos con 15 inspectores motorizados y el sistema de grúas para multar a los carros mal estacionados, pero que en los balances de la Alcaldía éste es un detalle sacrificado.

La opción más razonable que se observa en la Alcaldía para terminar con el desorden, es revivir el antiguo centro de Managua. La idea es que los grandes centros comerciales se conviertan en subcentros de la capital.

El proyecto existe y está milimétricamente detallado, pero como siempre, no hay dinero para hacerlo.

MEJORES CONDICIONES

“Los negocios fueron apareciendo donde habían condiciones similares, la calle principal de Los Robles, ancha, con mucha gente alrededor que tiene poder económico para adquirir cosas, entonces ahí aparecieron. Eran viviendas que se acomodaron para hacer comercio, pero eso era secundario comparado con la posibilidad de accesibilidad y de mercado”, expresa Gerald Pentzke, Director de Urbanismo de la Alcaldía de Managua.Ver infografía
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