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Harold Pinter: Nobel de literatura

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.El británico Harold Pinter, uno de los mayores exponentes del teatro dramático del Siglo XX, fue galardonado con el premio Nobel de Literatura que concede la Academia Sueca

Harold Pinter junto a Antonia Fraser.

 

Agencias/ AP,EFE

El versátil Pinter juega como pocos —en sus más de 30 obras— con la dominación y la sumisión, la amenaza y la injusticia, aunque en los últimos años su actividad literaria y militante se concentra, sobre todo, en la política, en la que vierte sus más feroces críticas.

Pinter “descubre el precipicio que se esconde bajo la cháchara diaria y fuerza su entrada en el ámbito cerrado de la opresión”, explicó la Academia.

El premio Nobel de Literatura 2005, que empezó su carrera como actor, ha llevado al teatro a sus elementos básicos, un espacio cerrado y un diálogo imprevisible, “en el que la gente está a merced del otro y la simulación se desmorona”, agrega.

“En una obra típica de Pinter nos encontramos a los personajes que se defienden de las intrusiones de sus propios impulsos atrincherándose en una existencia reducida y controlada”, explicó el jurado.

Otro tema del dramaturgo británico es la volatilidad y lo escurridizo del pasado.

Su nombre se ha convertido en un adjetivo, “Pintoresco”, usado en la descripción de una atmósfera particular y el entorno en el teatro dramático.



EL DEBUT DE PINTER

Pinter, que el pasado día 10 cumplió 75 años, nació en el barrio londinense de Hackney. Hijo de un sastre judío, vivió en su juventud el antisemitismo, un factor decisivo para dedicarse a escribir, explicó en una ocasión.

El jurado, que concedió a Pinter el prestigioso premio en Yom Kipur (la festividad judía más importante), dijo que sus vivencias de los bombardeos durante la II Guerra Mundial nunca lo han abandonado.

Debutó en 1957 con su obra El cuarto, aunque su consagración vino de la mano de The caretaker (El guardián) dos años más tarde, seguido por The homecoming (Vuelta a casa) en 1964.

Enigmático pero coherente, Pinter se niega a explicar los entresijos de sus obras incluso a sus actores.

“Métase en sus asuntos. Limítese a repetir las palabras”, era la típica respuesta a un pedido de iluminación.



ESCRITOR DE GUIONES

Pinter también ha escrito los guiones de algunos éxitos cinematográficos como La mujer del teniente francés, interpretada por Meryl Streep y Jeremy Irons en 1981 y El placer de los extraños, con Christopher Walken y Rupert Everett en 1990.

Su trabajo para la televisión es también prolífico e incluye Betrayal (Traición) interpretado por Jeremy Irons y Ben Kingsley, en el que cuenta una relación de una mujer con el mejor amigo de su marido.

Con el paso del tiempo, Pinter se ha ido implicando más en política. El golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende en Chile, respaldado por Estados Unidos, en 1973, le indignó y fue uno de los más furibundos críticos del presidente estadounidense Ronald Reagan y de la primera ministra británica Margaret Thatcher.

Recientemente, se opuso a la invasión de Irak liderada por Estados Unidos y al embargo precedente que sufrió el país árabe; protestó contra el trato que Turquía da a los kurdos, se opuso al bombardeo de Kosovo y ha denunciado la tortura.



“ANTI YANQUI”

En el poema escrito en 2003 God bless America (Dios bendiga a Estados Unidos), Pinter escribió: “Ahí están otra vez, los yanquis en su parada blindada, cantando sus baladas de alegría, mientras galopan por el ancho mundo, loando al Dios de Estados Unidos”.

Sin miedo a utilizar la dureza en su lenguaje, Pinter escribió el mismo año un poema de cuatro líneas al que tituló Democracia: “No hay escapatoria. Los grandes gilipollas están sueltos. Joderán todo a su paso. Vigile su espalda”.

“Al atacar la obscenidad de la guerra, también emplea un lenguaje obsceno” en sus artículos y poesía, explicó a la AFP Jean Pavans, uno de los traductores franceses del dramaturgo inglés.

Según el responsable de la Academia Sueca, Horace Engdahl, encargado de darle la noticia por teléfono, no se puede escribir lo que dijo Pinter al saberse galardonado.

“Estaba muy conmovido y no conseguía articular palabra. Nada de lo que dijo se puede poner por escrito. No se lo esperaba en absoluto. Estaba encantado, se podría decir”, explicó el sueco a la agencia de noticias TT.

Ardiente aficionado del cricket, Pinter es el décimo británico que recibe este prestigioso galardón, cuatro años después de su compatriota V.S. Naipaul.

Su nombre estaba entre los posibles aspirantes al premio, pero no estaba entre los favoritos.

Cuando recoja el premio el próximo 10 de diciembre, aniversario de la muerte del fundador de los Nobel, Alfred Nobel, Pinter también se llevará a casa un cheque de 10 millones de coronas suecas (1.3 millones de dólares).



LUCHA CONTRA EL CÁNCER

Pinter, uno de los representantes de la llamada generación de Jóvenes Airados británicos de los años sesenta, cuando prácticamente ha dejado el teatro y lucha contra un cáncer de esófago que le fue diagnosticado en 2002.

En Pinter, la Academia Sueca premia a un representante de los Angry Young Men (Jóvenes Airados), en el que se encuadran igualmente John Osborne, autor de Mirando hacia atrás con ira, que dio nombre al grupo o Arnold Wesker (La cocina).

Después de veintinueve piezas teatrales, entre ellas algunas tan famosas como La fiesta de cumpleaños, The caretaker o Viejos tiempos, así como varios guiones de cine, entre ellos para Joseph Losey, Pinter se confesaba últimamente agotado.

“Creo que he dejado de escribir teatro....Llevo escritas ya veintinueve obras. Acaso no es suficiente?”, se preguntaba recientemente con motivo del estreno de una pieza para la radio con música de James Clarke, titulado Voces, emitida este mes por la BBC el día de su cumpleaños.

En ella, Pinter utilizaba elementos de cinco de sus últimas obras —One for the road, Mountain language (Lenguaje de la montaña), The new world order (El nuevo orden mundial), Party time (Tiempo de fiesta) y Ashes to ashes (Polvo eres).

Todas ellas tienen en común la que ha sido siempre su preocupación por la relación de poder entre el verdugo y la víctima, el torturador y el torturado, el dueño y el esclavo.

Aunque últimamente haya sustituido el teatro por el panfleto político —se ha referido a Irak como “un acto premeditado de asesinato de masas” o a los Estados Unidos, de George W. Bush, como “un monstruo descontrolado”— Pinter ha sido siempre en el fondo, un escritor político.

Incluso en las llamadas “obras de la memoria”, como Paisaje (1968), Viejos tiempos (1971), Tierra de nadie o Traición, de 1978, la memoria funciona como un arma más en las relaciones de poder, que hace aún más agudo el aislamiento de los personajes.

Aun partiendo de personajes y situaciones aparentemente normales, las obras de Pinter parecen siempre sumergidas en una atmósfera de amenaza, de misterio y horror.

La crítica ha señalado que las luchas por el poder que son siempre materia de sus dramas, se caracterizan por una fuerte ambigüedad al no quedar nunca claras las razones para la victoria o la eventual derrota de los personajes.

Su teatro, que continúa en cierto modo el de Samuel Beckett y está influido también por la novelística de Franz Kafka, utiliza el lenguaje corriente, pero Pinter lo carga de ambigüedad, de pausas, de silencios de gran efecto teatral.  
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Harold Pinter: Nobel de literatura


Hombre de teatro