Pintura
Emilio González más erótico
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 | Su nueva faceta de artista de desnudos lo ha llevado a indagar en lo erótico de la figura humana y lo colorido de sus formas ; novedosas expresiones que hablan del placer sexual |
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Aunarse. Óleo sobre tela, 2005. Emilio González. |
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Arnulfo Agüero
Ver pinturas El pintor, Emilio González, ha definido su arte como “cuerpos desnudos o dibujos pintados” que han recobrado un imaginario erótico y colorido, donde se plasma la lujuriosa pasión de los amantes.
Es posible ver en esta muestra al amante abandonado que desea intensamente retornar a las horas del éxtasis o del clímax que sólo da la naturaleza en el esplendor de la plenitud sexual.
Sus pinturas reúnen tonos contrastantes, calientes y fríos, diurnos y nocturnos, cuerpos entrelazados con fiereza y rostros ausentes. Muchos de sus cuadros de figuras humanas sin rostros, o si tienen rostros no están asociados al placer sino que son inexpresivos.
Se percibe un escenario con toques surrealistas, irreales, evasivos, distantes. Estas pinturas expuestas en uno de los nuevos salones del Hotel Mansión Teodolinda nos recuerdan sus dibujos en plumilla, el manejo estilizado de la figura humana en un entorno lúdico, nocturno y fantasmal.
A la periodista, Evelin Flores, las pinturas de Emilio González le producen fuertes sensaciones de erotismo y sensualidad venidos de amores y desamores. Es más, afirma: “presiento que son una muestra gráfica viva de lo que ha vivido, como buen narrador de cuentos que es”.
En tanto, el poeta Julio Valle Castillo, oriundo de la tierra del folclor, cree que los desnudos de Emilio tienen un sello, una personalidad propia, reflejo del mundo interior del artista. “Esto lo hace expresionista o neoexpresionista o alguien que aprovecha el expresionismo”, lo define, para luego catalogar sus dibujos de morbosos como pudorosos, generadores de escalofríos como de agresividad amatoria, excluyéndolo así de lo pornográfico genital.
Por su lado, el novelista Ricardo Pasos Marciaq, ve las estampas de este artista —que nada tienen que ver con los trabajos de los dibujantes Leoncio Sáenz, Carlos Montenegro, Silvio Bonilla, Henry Aguilar, o Pablo Parajón entre otros maestros que han usado el trazo negro o sepia en temas indigenistas o regionalistas— como un trabajo que explora el erotismo con sutil misterio, atrevimiento, por lo que lo vuelve novedad.
En este sentido nos expresa: “La fuerza, en este caso, oculta la delicada línea de lo erótico para que no se quede la imagen en mera genitalidad o sexualidad a secas sino más bien una grácil integración de estos tres estadios de la dignidad humana. Equilibrio a base de fuerte expresividad de los gestos para someter la corporeidad a sus extremos posibles con el fin de extralimitar y potenciar al Eros”.
Finalmente, la sicóloga Auxiliadora Marenco, comenta que “esta colección de figuras humanas llenas de color también nos conducen por los controvertidos caminos del pudor. Dicen mucho, sugieren mil cosas y es la fantasía del observador quien tiene la última palabra. La colección no es hecha para beatas ni para mojigatos. No está hecha para personas que prefieren los grises o evaden los significados en lo abstracto”.
Los que hemos visto sus anteriores trabajos, dibujos en tinta, ilustraciones, acuarelas o aguadas, nos habíamos acostumbrado a seguir sus trazos negros sobre fondos de papel, con temas alusivos al corredor del regionalismo folclórico: temas de caseríos señoriales, personajes de El Güegüense o de espantos nacionales, constituían un menú de sus expresiones graficadas para el mito o la leyenda. Hoy, con esta muestra, su corredor toma un nuevo rumbo al presentarnos su ideario sobre el desnudo en contraste de color y sentimiento. 
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