Artes visuales
Vídeoarte joven
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 | Vaso rojo es un vídeo que aborda en un minuto con veinte segundos, la nota roja , creación de Pablo Hernández |
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Pablo Hernández. |
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Francisco Ruiz Udiel
En nuestra mitología no hubo necesidad de que Urano derramara sangre sobre la tierra para dar lugar a los gigantes, como sí ocurre con la mitología griega. En nuestra historia, la mayoría de cronistas reconoce que en América se daba como un hecho la existencia de gigantes y que fueron éstos los primeros pobladores del continente. Fue hasta el siglo XV que sucedió la ocupación española. Según Fray Juan de Torquemada, autor de Monarquía indiana, los Toltecas en México (considerados gigantes) fueron los segundos pobladores de América, pero éstos fueron exterminados por los Ulmecas y los Xicalanca. Según investigación del nicaragüense Pedro Rafael Gutiérrez, en su obra La gigantona: símbolo del triunfo y tomando como referencia, en parte, la obra de Samuel Martí (Instrumentos precortesianos), La Gigantona nace para honrar a nuestros ancestros. Fueron los españoles que hicieron la fusión entre la cultura indígena y la de ellos, todo esto con el objetivo de evangelizar. Así La Gigantona se convierte en el triunfo de la verdad sobre los errores de la humanidad (El Enano Cabezón): los vencidos siempre van subyugados por el triunfo, por eso van adelante.
En Nicaragua y, según Jorge Eduardo Arellano, la aparición de La Gigantona se da a mediados del siglo XIX. Su incursión se produce en la ciudad de León como parte de la celebración de “La Purísima”. La Gigantona dejó de ser durante mucho tiempo ese símbolo para festejar a los ancestros y posteriormente se convirtió en un símbolo para festejar a los santos patronos en las fiestas cristianas.
Traigo a colación un poco la historia de La Gigantona, pues es casi seguro que muchos nicaragüenses no conozcamos de ella y, además, para escribir sobre este elemento localista en Vaso rojo, vídeoarte que Pablo Hernández, joven que en la actualidad incursiona en el cine, propone como elemento estético de este género.
Si pensamos en el cine nicaragüense de los ochenta, principalmente lo que más importaba en la época, según Guillermo Rothschuh Villanueva en su artículo La problemática del cine en los actuales momentos (El problema de la comunicación en un estado de transición). Ediciones Nicaragua al día, 1980, p-39), era que la actividad cinematográfica se convirtiera en un agente totalizador de comportamientos. Como impulsor de cambios, se pretendía que lo más relevante fuese la incidencia política e ideológica. Pero la historia cambia y los factores de interés también. Es evidente que el cine ahora ha tomado otros giros, importa más hacer arte sin estar pensando en satisfacer derechas o izquierdas. Se hace arte basándose en propuestas más creativas. La buena estética y la visión individual del lenguaje es lo que da la pauta para que una obra de arte sea digna.
En Vaso rojo, que tiene duración de un minuto con veinte segundos, el motivo es la nota roja. Con una temporalidad discontinua, Pablo Hernández muestra el paralelismo que ocurre entre dos acciones vinculadas por la cotidianeidad: el hombre que consume la noticia desde que se levanta y el hombre que durante el día sigue expuesto a la misma noticia.
En términos descriptivos vemos en primer plano a un hombre que está ingiriendo agua, pero luego ésta se torna roja a medida que aparece una secuencia de imágenes, de pasivas a violentas. La audiencia está ingiriendo los hechos trágicos desde que abre sus ojos. Nuestro primer vaso de agua en ayuno está lleno de sangre. De ahí que los efectos de sonidos propuestos en Vaso rojo sean los mismos que emitimos cuando tragamos, nos pasa denso y ruidoso por la garganta. La sed se vuelve insaciable cuando nos acostumbran al consumo.
Sí bien es cierto que la crítica está dirigida contra el amarillismo, también es cierto que el artista en este caso, no es un activista contra la televisión, ni contra los medios de comunicación sino contra la programación, eso es diferente. Se trata más bien de despertar al espectador de la alienación que produce la nota roja en nuestro país. Despertar contra los intereses comerciales que los medios de comunicación tienen en la actualidad. El color vende y eso está demostrado.
Pero hacer vídeoarte tampoco es fácil. En el caso de Pablo, el vídeoarte tiene que ver más con la edición, es construir un rompecabezas con siete personas (podrían ser más), donde cada una tiene una interpretación diferente, dice. Como insumo utiliza o crea imágenes que estén a favor de la obra a producir. Se sitúa como espectador, está consciente que el arte también debe involucrar el elemento humano. Posteriormente, lo representa de manera abstracta. Su abstracción, sin embargo, no es un conjunto de imágenes endebles sacadas de la manga de la camisa sólo para impresionar.
En Vaso rojo como decía, existen dos paralelismos, pero es la segunda parte del vídeoarte donde involucra el elemento localista de La Gigantona: el personaje de la obra pone sobre el pavimento el vaso donde antes tomaba agua y continúa con su rutina. Se introduce en La Gigantona. Ésta lleva un vestido rojo. El elemento semiótico y también idiogramático es importante en esta parte. El artista viste a La Gigantona de rojo, no porque ésta vaya de fiesta con su estilo gitano, como siempre la vemos, sino como parte de una tragicomedia donde a la cultura nicaragüense se le ha impuesto vestir de rojo a través de la televisión. Finalmente, el vídeoarte nos permite cuestionar el verdadero papel que deben jugar los gigantes del poder, los que controlan la información. Nos permite elegir entre reaccionar, permanecer inmunes o lo más fácil: cambiar de canal. Aun así, no creo que nos podamos salvar de las circunstancias. Siempre estaremos expuestos a la nota roja, sea dentro o fuera de una Gigantona.
Pablo Hernández nació en Nicaragua en el año 1983. Produjo este año (en co-autoría con amigos) Mañana es una excusa. Forma parte de E.V.I.L. (Ejército Videasta Latinoamericano). Recientemente produjo un vídeoarte que lleva por nombre Vaso rojo. 
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