Éxodo a la “tierra libre”
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El viaje a Managua había durado 15 agotadores días por río, tierra y aire, pero valió la pena: el molino de manivela era un bien que había deseado desde cuando lo vio por primera vez instalado en una pulpería de los chinos de Bilwi, hace tres años. Ahora la máquina estaba en casa y la armaría al día siguiente. No dudaba que una vez instalada sería de mucha utilidad para moler el maíz, la yuca y otros alimentos que la familia sembraba en el huerto trasero del rancho ubicado en La Esperanza, ribera arriba del río Coco.
Al día siguiente, sin embargo, un rugido de helicópteros, disparos y gritos, lo despertó de madrugada. Tropas del Ejército Popular Sandinista (EPS) habían llegado al villorrio con una orden: desalojar la comunidad, incendiar las casas, matar a los animales domésticos y explotar los pozos y silos de alimentos.
Fue la última vez que don Félix Stevens Vanegas vio el río como lo que era: una próspera comunidad que les proveía vida a los miles de miskitos que consideraban al ondulante cuerpo de agua una divinidad superior a las creencias del Pacífico.

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