Flash
Álvaro Urtecho
Ni menuda, perfumada y pulcra jovencita de recatada sonrisa con ojo seco de ardilla que se vuelve ofidio en las gélidas oficinas de la ciudad que nunca acaba. Ni larguirucha y delgada mujer bíblica con cejas de pájaro nacional asomándose a los palomares de la tarde, apretando el Libro de los Salmos sobre el pecho con olor a yerba. No. Ni todas ellas en una ni en ninguna . Ni solas ellas en casas cuidadosamente cerradas con candados y entrevistas en velos a través de limpias persianas de vidrio. ¡Sí Isela Cash! Pupila negra sobre charco blanco. Frente comba como nalga. Ensortijado cabello como sartas de arbusto o hiedra. Mujer negra toda noche. Cacao y chocolate. Regusto de sombra en curva. Isela Cash: al cash, al agarre, a la toma, a la deriva, al si no te agarro te persigo por Santa Ana en donde dobla el bus y suenan las campanas de tu iglesia. Isela al cash, quitándote las chapas como estrellas, quitándote tu cadena de fantasía del grueso cuello sudoroso que te incita al canto, al grito visceral de la tribu, a la confesión del corazón que necesita tanto la paz, el amor, la cordura. Hablando de los hijos que guardas para resguardarlos de las alas del Mal. Escuchando timbales y tambores que hacen temblar la carne en cada bajo hondo. Escuchándote a ti, mi amor, y a Cran Berri, en este instante.
(De: Femina Suite, sección de su libro inédito TIERRA SIN TIEMPO) Septiembre, 2005 
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