Bush pierde aliado clave
AFP, AP
WASHINGTON.- Un estrecho aliado del presidente George W. Bush, el representante Tom DeLay, se vio implicado en un caso de financiamiento político irregular que le costó una inculpación judicial y lo obligó a renunciar como jefe de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes.
Un fiscal de Texas (sur), Ronnie Earle, que desde hace tres años investigaba el caso de financiamiento político, recibió este miércoles la inculpación de DeLay por parte de una cámara de acusaciones.
“Déjenme ser muy, muy claro. No he hecho nada malo”, dijo DeLay, a la prensa. “Soy inocente (...) y lo voy a probar”.
“Tengo los hechos, la ley y la verdad de mi lado”, sostuvo el parlamentario republicano, apodado “el martillo” por sus métodos de imponer disciplina partidaria.
Antes de estas declaraciones, Tom Delay, acusado de complicidad de financiamiento ilegal, anunció en un comunicado: “Informé al presidente de la Cámara que renunciaba temporalmente a mi cargo como líder de la mayoría, de acuerdo a las normas del bloque republicano”.
Su portavoz, Kevin Madden, subrayó que las acusaciones contra DeLay carecían de fundamentos “legales o factuales”, y aseguró que el parlamentario era víctima de una “vendetta”.
El legislador por Texas fue acusado de un cargo de asociación delictiva en el condado de Travis, en el Estado de Texas (centro-sur).
DeLay podría ser condenado hasta dos años de cárcel y 10,000 dólares de multa, informó una fuente oficial.
DeLay está acusado de haberse beneficiado de la generosidad financiera de algunos grupos de presión y de haber pagado indebidamente a miembros de su familia durante sus campañas electorales.
DeLay, blanco de la oposición demócrata desde hace varios meses a causa de investigaciones sobre sus actividades, es considerado un aliado clave del gobierno de Bush, y mantuvo una alta fidelidad con el gobierno sobre la mayoría de los asuntos legislativos.
El presidente George W. Bush “lo considera un buen aliado y amigo”, declaró el portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan.
La acusación penal por asociación delictuosa contra Tom DeLay se agrega a la lenta tortura política que padecen los republicanos, el partido gobernante que tiene todo que perder si el público sigue descontento con su desempeño.
Los electores están rechazando la guerra en Irak, se sienten nerviosos por la economía y están perdiendo la fe en sus líderes políticos.
Hace menos de un año, el presidente Bush ganó la reelección y el Partido Republicano obtuvo escaños en la Cámara de Representantes y en el Senado, lo cual elevó las esperanzas entre los círculos conservadores de que los republicanos pudieran controlar el Congreso y la Casa Blanca durante una generación o más.
Repentinamente, están preocupados ante la posibilidad de que pierdan el poder tras las elecciones del 2006 y el 2008.
“Aún podemos estabilizar la situación y corregirla, pero no hay duda de que este es un bache difícil”, dijo el consultor republicano Joe Gaylord, asesor del ex presidente republicano de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich.
ATAQUE DEMÓCRATA
La homóloga de DeLay en la oposición demócrata, Nancy Pelosi, percibió la inculpación como “el último ejemplo que muestra que los republicanos en el Congreso están minados por una cultura de corrupción, a costas del pueblo estadounidense”.

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