Espejismo del Xolotlán
Yubrán Arellano Hanón
Han oído hablar de un desierto, sabrán que es un lugar desolado, nadie vuelve la vista, sólo tienen presente que existe pero no tiene función, de soledad sólo se viste. Es bello y asombroso, a lo lejos se observa y es inmensa su presencia, es una fotografía ambiental, un cuadro paisajístico, una historia olvidada, un mito que contar. Cuando alguien perece se lo traga la soledad, el abandono, la deserción, un lugar destinado a estar fuera de servicio a nuestra población. Una ventana al mundo que asoma una visión de desolación carente de humanidad. En nuestro casco urbano, en las faldas del Momotombo, serpenteando el Malecón, existe un desierto creado por nuestra falta de humanidad carente de proyección, un espejismo del pasado, un recurso desgastado.
En vez de ventiscas de arena llega una lenta brisa marina con vientos suaves y fuertes, con soplos de conciencia que atropellan nuestra mente. Un desierto de agua dulce. Un lugar olvidado por nuestra piel, un destino que penetra en la raíz de los primeros cautivos de este sitio reservado para nuestra capital.
En un rincón acorralado al pie de un grandioso lago que mientras duerme llora su abandono. Yo me preguntaba en una mañana helada cómo sería nuestra Managua si nuestro titán se renovara, nuestra vida de puerto del pasado. Un destino diario que perdido se encuentra encadenado a dos o tres vueltas que nos entretiene el ánimo. Te dimos la espalda, y tú con tu presencia te descargas. Te añoran los que de ti vivieron, te deseamos los que nunca te tuvieron. Nos limitaste a un vaivén comercial, la tierra de ahora no nos ofrece más que lo que el hombre tapizó: cantinas y bares, cines y otros lugares que carentes de vida son. Nuestro arte, nuestros templos son desterrados a lugares muertos, no hay un centro cultural, no existe el ciudadano que ama y vive en su ciudad. Nuestra maldición fue convertirnos en zombies del día o espectros de noche. Despegados de tu enlace, nuestros pulmones de césped y estanques, lectura, deporte, convivencia, el arte, tendidos juntos queriendo abrazarte. Perdimos hasta nuestros parques, dejamos en manos de otros el quehacer nuestro, mientras nos dedicamos a la labor de generar nuestro pan de alimento.
Olvidando el alma que una vez percibiste encerrada en nuestro cuerpo, muchas veces acurrucado en tu lago. Hoy estamos juntos tú y yo, y separados, los dos entrelazados, aunque mi piel no acaricie tus lágrimas mi tristeza es fuerte al ver tus aguas.
El autor es Arquitecto infieri>

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