SáBADO 7 DE ENERO DEL 2006 / EDICION No. 24045 / ACTUALIZADA 01:30am





EL HUMOR DE






Resultados de la Ronda de Doha

La Ronda de Doha se le llama a una serie de reuniones de alto nivel de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que comenzó en el año 2001 en Doha, capital del emirato árabe de Qatar, donde se acordó iniciar un proceso de negociaciones tendentes a liberalizar el intercambio comercial mundial tomando en cuenta, sobre todo, los intereses de los países en desarrollo. La Ronda tuvo su continuación en Cancún, México, en el año 2003, pero allí no se produjeron logros sustanciales. Entonces se acordó otro período de sesiones del 13 al 18 de diciembre del 2005 en Hong Kong, el cual se llevó a cabo en un ambiente difícil. Previamente a la reunión de Hong Kong, el presidente del Banco Mundial, Danny Leipziger, había exhortado a los países miembros a recordar que ésta debía mantener como prioridad los intereses de los países en desarrollo, especialmente en lo relativo al acceso a los mercados y al proteccionismo a la producción doméstica en los países industrializados. Los países pobres deben ver algún tipo de beneficio en la globalización, decía Leipizer. Para ello hay que eliminar lo que distorsiona el intercambio comercial justo y equilibrado.

Esta distorsión se da, en buena medida, por las barreras comerciales que los países ricos ponen a la importación de productos agrícolas y por los subsidios que ofrecen a sus exportaciones. Ya en la Ronda de Uruguay —iniciada en 1986 y concluida en 1994 y que dio lugar a la formación de la OMC— se había planteado la necesidad de reducir el proteccionismo a la producción agrícola. De acuerdo a datos aportados por la OMC, la agricultura significa más de un tercio de los ingresos de exportación de casi cincuenta países en desarrollo y, en unos cuarenta de ellos, representa más de la mitad de sus ingresos. Por eso, los altos aranceles a los productos provenientes de los países pobres (azúcar, arroz, carne) —en algunos casos van de un ochenta hasta un ciento por ciento— tienen efectos catastróficos en las economías menos desarrolladas.

Por otro lado, el subsidio de los países ricos a sus productores nacionales —en el año 2003, estos subsidios anduvieron por el orden de los 235,000 millones de dólares— permite que éstos exporten sus productos a precios más bajos y así prácticamente monopolizan el mercado mundial. Para África, por ejemplo, el subsidio de los países industrializados al algodón significa una pérdida de 150 millones de dólares al año. En estos términos es imposible competir con ellos. Sin la reducción de los aranceles y la eliminación de los subsidios no se puede hablar de verdadera liberación del comercio, concepto éste que es la columna vertebral de la existencia de la OMC.

¿Qué se logró al respecto en Doha? Al principio, nada. Fue hasta en el último día de negociaciones que se lograron algunas coincidencias que salvaron la Ronda. El principal obstáculo fue la actitud hasta cierto punto inflexible de la Unión Europea. Por ejemplo, los países en desarrollo proponían una reducción mínima a los aranceles de productos agrícolas de un 54 por ciento, pero la Unión Europea se mantuvo en un 39 por ciento. Esto, a pesar que ellos estaban exigiendo a los países en desarrollo una reducción arancelaria para sus productos industriales de un 75 por ciento. Al final, se adoptó una fórmula estratificada a cuatro bandas para estructurar los recortes arancelarios, pero no se fijaron porcentajes específicos. Se acordó trabajar sobre esta base en el presente año 2006.

Con respecto a los subsidios a las exportaciones agrícolas se planteó el año 2010 como fecha límite para su eliminación progresiva. Otra vez, la Unión Europea se opuso y al final se acordó, todavía con ciertos resquemores, el año 2013. Sin embargo, en lo relativo al algodón, se adelantó para finales del 2006. Esto último fue un gran logro para los países africanos que son los más afectados. La Ronda deja preocupaciones relativas a la forma asimétrica en que los países ricos negocian con los pobres.

Nicaragua participa activamente en esas negociaciones por liberalizar el comercio internacional que ahora es más importante para el país, debido a la aprobación del DR-Cafta. Y por eso mismo Nicaragua tiene también mucho interés en que los países desarrollados abandonen sus políticas proteccionistas, que perjudican a las naciones agroexportadoras como la nuestra.
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