Experimentar el turismo de aventura entre piedras, árboles, flores y cascadas es una de las opciones que ofrece la comunidad de San Miguel del Guayacán ubicada en Diriamba, donde la naturaleza es la protagonista
La comunidad rural de San Miguel del Guayacán se encuentra a 17 kilómetros al suroeste del municipio de Diriamba, en el departamento de Carazo. Se trata de un bello destino turístico con muchas cosas que disfrutar.
Ahí el visitante tiene la oportunidad de recorrer un sendero de 1.8 kilómetros, compartir con la comunidad, montar a caballo, conocer el origen del sitio, disfrutar de la narración de una embrujadora leyenda y darse un chapuzón.
Se llega al lugar saliendo de Diriamba sobre la carretera a La Boquita. A poca distancia de la ciudad se toma el desvío que va hacia San Gregorio.
San Miguel del Guayacán está poblado por familias campesinas dedicadas a la agricultura y en escala menor a la ganadería. Se cree que tenga unos 50 años de tener más población, porque antes había casas, pero muy distantes. Su nombre deriva de la abundancia del árbol de guayacán en sus bosques, pero el tiempo y la mano del hombre se han encargado de su desaparición.
Tres jóvenes egresados de la carrera de Turismo han enfocado su interés en el estudio científico del lugar y han trabajado a la par de la comunidad una opción nueva de turismo de aventura que no se había explotado en Carazo.
tres caídas de agua
El mayor atractivo del lugar son las tres caídas de agua que forman parte del recorrido. Una de ellas es el Salto de la Culebra, la otra es el Salto del Ataúd y la última y más exuberante es el Salto Seco.
El Salto de la Culebra es considerado científicamente como un cañón, según Wilmer Guevara, estudioso del lugar y uno de los tres guías turísticos.
Explicó que el sitio tiene sus peculiaridades en relación a las piedras, a la flora y fauna predominantes en sus alrededores.
Para llegar al Salto de la Culebra se debe caminar un trecho bastante accidentado, lo que hace que el visitante experimente una caminata agitada y de mucho ejercicio físico.
Guevara explicó que es parte del tour dar una charla al visitante sobre las características que tiene el sitio. “Tiene la característica de tener un caudal muy fuerte, es muy encerrado y forma un cañón donde predominan las rocas lutitas y areniscas”, dice Guevara.
Explica que las lutitas se forman por la acumulación de capas de lodo fino e indican una etapa geológica que habla de muchos años atrás. En el caso de las areniscas, éstas delatan que hubo transgresiones y regresiones marinas.
“Lo que indica que el mar estuvo aquí en algún tiempo y en otro se desplazó a su lugar actual”, señala el joven guía.
De la comunidad San Miguel del Guayacán el mar se encuentra a 35 kilómetros de distancia, pero según lo investigado por Guevara hay evidencia que hubo transgresiones marinas y se pueden ver en las diferentes capas de las rocas lutitas. En las rocas areniscas se observan fósiles marinos, dijo.
En el lugar también predominan las piedras basálticas, eslábicas y piroplásticas, refiere el guía, las que evidencian que hubo presencia de volcanes cerca del cañón. “Pudieron darse erupciones volcánicas en algún tiempo y haber alcanzado el sitio”, comentó.
El Salto de la Culebra mide 11 metros de altura y la caída de agua es fuerte y muy vertical. El visitante se puede bañar y disfrutar del agua tranquila y fresca.
La fauna propia del lugar en tiempos pasados fueron el pato aguja, garzas blancas y morenas; martín pescador, entre otros. Ahora hay urracas, pájaro guardabarranco, otras aves y garrobos. Se ubica en la parte media de la Cuenca del Río Grande de Carazo a 250 metros del nivel del mar.
EMBRUJADORA LEYENDA
Doña María Gutiérrez, de 75 años, habitante del lugar, recibe con calor humano a los visitantes en su casa. En este sitio el tour hace su primera parada al llegar a la comunidad. La señora cuenta que esas tierras pertenecen a su familia y la han conservado de generación en generación. El Salto de la Culebra tiene una leyenda que ella misma se encarga de contar al visitante.
Dice que hace muchos años habitaba en el salto una culebra que tenía un cacho blanco en el centro de la cabeza, el que medía una cuarta. “La culebra salía en la plazoleta de piedra y nadie se atrevía a matarla porque todos le tenían miedo”, refiere.
La leyenda dice que un día hubo una rayería y un rayo la mató. De ahí el nombre de Salto de la Culebra. El tour que está a cargo de otros dos jóvenes: Daniel Hernández y Scarlet Ampié, quienes al igual que Wilmer son egresados de la carrera de Turismo en el Centro Universitario Regional de Carazo (CURC), se torna interesante por la explicación que a la par de la caminata ayuda al visitante a tener un conocimiento más amplio del lugar.
Según Hernández al hacer el recorrido de forma circular, partiendo de la casa hacienda de la señora Gutiérrez y volver, se recorren 3. 9 kilómetros. En ese trayecto se logra llegar a otros dos saltos que posee la comunidad. El Salto del Ataúd “Se le dice el Salto del Ataúd porque hay dos posas en forma de ataúd y se dice que dos hombres cayeron al fondo y murieron”, rememoran los guías.
La tercera caída de agua es el Salto Seco o El Zopilote, toda una maravilla que disfrutar.