Mientras los glaciares se derriten en los polos, los huracanes ya no se descartan en el Atlántico Sur y los pingüinos siguen apareciendo en las calurosas playas de Brasil. Los efectos del cambio climático son apenas perceptibles en Nicaragua, o difíciles de demostrar en períodos de tiempo corto.
Los países tropicales como Nicaragua, que está ubicado entre el trópico de Cáncer y el Ecuador, podrían no tener un impacto tan drástico en cuanto a la variación de las temperaturas, como los que se ubican más cerca de los polos, pero el efecto será global.
Freddy Picado, coordinador técnico del Proyecto Segunda Comunicación Nacional del Cambio Climático, del Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), asegura que el impacto de este fenómeno va a ser diferenciado en las distintas regiones del mundo.
En las zonas polares se esperan cambios de entre 4.0 y 6.0 grados centígrados. En la franja tropical y subtropical, ubicada entre los 23.5 grados norte y sur del Ecuador, la temperatura cambiará entre 1.0 y 1.5 grados centígrados.
De esta manera, es probable que un habitante de Ocotal, acostumbrado a pasar de los 17 a los 32 grados centígrados en cuestión de horas, no se dé cuenta de los “convulsiones” de la atmósfera. Si además las lluvias se reducen en un diez a 20 por ciento, quizá sospeche, pero necesitaría una confirmación científica para saber si todo obedece al cambio climático.
Picado asegura que los modelos utilizados para calcular las variaciones del clima son menos exactos a medida que el área de estudio disminuye.
Pero hay técnicas de reducción de escalas aplicadas en Nicaragua, y los resultados indican que las zonas secas de los departamentos más secos del país están en el blanco del cambio climático, considerado como calentamiento global porque la temperatura está subiendo.
“CUENCA 64”
Picado habla de León y Chinandega, llamados por los especialistas como “la cuenca 64”, cuyas tierras fueron “arrasadas” con el monocultivo del algodón hace 40 años, y que ahora tienen zonas predominantemente secas.
El experto considera que no son del todo secas. Parte de ellas pueden considerarse una zona socioeconómica “muy productiva”; el año pasado produjo más de 200 millones de dólares en cultivos de agroexportación, principalmente caña de azúcar, maní y tabaco.
Pero con el cambio climático, analiza Picado, podría haber impactos “considerables” en la agricultura, debido a que las temperaturas se elevarían aún más y las lluvias disminuirían.
La Oficina de Desarrollo Limpio y Cambio Climático del Marena, considera que los efectos económicos impactarían la agricultura y el agua.
Ya hay problemas de abastecimiento de agua potable en el centro del país. Más de 80 mil personas en los cascos urbanos de los departamentos de Boaco y Chontales tienen secas las tuberías. Las fuentes superficiales se secaron desde finales de enero. Hasta hace poco tiempo, esto ocurría a fines de abril.
Y así lo advierte el experto, al decir que “el impacto que podríamos esperar en Nicaragua es más bien relacionado con algunos sectores económicos relacionados con la producción, por ejemplo la agricultura, sobre todo en la que se desarrolla de manera parcial en zonas secas”.
En cuanto a los recursos hídricos, Picado asegura que “si tenés menos lluvias y temperaturas más altas, el ciclo hidrológico se altera. Las proyecciones que hemos hecho muestran que las zonas más secas que tenemos actualmente podrían ampliarse territorialmente”.
Esto significa que no sólo “la cuenca 64” está en la mira, también las zonas altas como Matagalpa y Jinotega, donde la producción de café es capaz de generar más de 80 millones de dólares para el país, ya que representa el 60 por ciento de la producción nacional.
El café es el principal rubro de exportación de Nicaragua. En 2006 el país exportó más de 200 millones de dólares en este producto. Un fenómeno de escala mundial como el cambio climático sería una catástrofe para la economía nicaragüense, empezando con el café gourmet, que alcanza los mejores precios en el mundo, el cual caería junto con su calidad.
Sin embargo, Picado advierte que “no podemos echarle toda la culpa al cambio climático, la deforestación inició hace más de 100 años en este país, la sumatoria de todos los problemas ambientales es lo que está haciendo que el cambio climático se exprese de una manera más rápida y palpable”.
EFECTOS MÁS TEMIDOS
Por ahora sólo los empresarios y economistas más actualizados tienen conciencia sobre el impacto económico negativo que trae el calentamiento global. Por eso, los efectos más perceptibles son los huracanes.
Los ciclones necesitan ciertas condiciones para emerger. Una de ellas son aguas cálidas. No se sabe con certeza si el cambio climático se relaciona con el fenómeno El Niño, pero los científicos lo sospechan.
El Niño se le llama al calentamiento en la superficie del océano Pacífico. En los últimos años ha presentado ciertas anormalidades que hacen sospechar que en un futuro El Niño no será una excepción, sino una regla.
El año pasado los meteorólogos centroamericanos anunciaron por primera vez un “adelanto” de este fenómeno. Normalmente El Niño se presenta en la temporada seca del año, provocando sequías, pero se “adelantó” desde octubre, para desaparecer en febrero.
Tras El Niño llega su opuesto: La Niña. Es decir que Nicaragua es amenazada por inundaciones tras cada sequía.
Picado explica que la aparente contradicción entre sequías prolongadas y más precipitaciones, se debe a que las lluvias se reducen casi exclusivamente a los fenómenos extremos, es decir, los huracanes.
Los meteorólogos esperan para este año, 17 tormentas nombradas, de las cuales nueve serían huracanes, cinco de ellos intensos. Hace apenas unos meses se pronosticaba una sequía causada por una presencia débil de El Niño. Los meteorólogos no estaban equivocados, pero estos cambios repentinos hacen que ellos vean de reojo al cambio climático.
ADAPTACIÓN
Picado indica que Nicaragua tiene dos opciones frente a este fenómeno. Reducir los gases de efecto invernadero, o adaptarse al calentamiento global.
En el país se puede hacer muy poco por la primera opción. Siendo éste un país subdesarrollado que solamente aporta un 0.13 por ciento de los gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global, las acciones tendrán poco impacto aunque no son innecesarias. De hecho ya se están tomando medidas que involucran millones de córdobas en mitigación.
Debido a que el fenómeno del calentamiento global ya es una realidad, el mundo no tiene mayores opciones que la adaptación. Y Nicaragua está en eso. El objetivo es crear una resistencia al cambio climático, sobre todo en Occidente.
La estrategia, según Picado, consiste en poner en práctica medidas, tanto en el marco normativo, como en el uso del agua subterránea, ya que la explotación inadecuada para riego produce conflictos entre poblaciones y grandes producciones.
El Marena también prepara una estrategia de adaptación para el café en el Norte, ya que es vulnerable a El Niño y La Niña, pero además constituye una fuente de trabajo para más de 100 mil personas, por lo que entra en juego la seguridad alimentaria.
En el centro del país la preocupación es el ganado, ya que concentra la mayor parte de los 3.6 millones de ejemplares que existen en Nicaragua, los que, a través de sus deyecciones, producen más emisiones de bióxido de carbono que todas las plantas Hugo Chávez juntas. La idea es darles pasto mejorado para reducir su “aporte” de metano.
Carlos Rivas Leclair, director nacional de la Oficina de Desarrollo Limpio y Cambio Climático, asegura que los proyectos avanzan con buen ritmo, especialmente los que refieren a la venta de bonos de carbono o pago por servicios ambientales.
Estos bonos son certificaciones que tienen aquellos productores que trabajan sin afectar el medio ambiente, las cuales pueden vender a países desarrollados, quienes deben comprarlas en pliego, en compensación por sus emisiones de gases de efecto invernadero, tal como lo establece el Protocolo de Kyoto.
Rivas Leclair afirma que ya hay 15 proyectos del sector energético que recibirán dinero por los bonos. Otras seis empresas empezarán a recibir este año entre tres millones y dos millones de dólares cada una por la venta de los bonos, en una cancelación retroactiva desde el año 2003.
A eso hay que agregar a unas mil familias, pequeños productores, de San Francisco Libre y Carazo, que recibirán 800 dólares por manzana, por la fijación de los gases de efecto invernadero. “Van a ganar mil veces más cuidando un árbol, que cortándolo”, advierte Rivas Leclair.
Si bien el director de la oficina reconoce que se trata de un proceso burocrático, menciona que las ventajas posteriores son inimaginables, y puede acceder cualquier productor, empresario o finquero.
El problema del cambio climático y la necesidad de producir limpio en el país es tan grande, que la oficina que dirige Rivas Leclair podría convertirse en un instituto en los próximos cinco años.
Rivas Leclair considera que una de las ventajas de la oficina es que involucra a los entes estatales, pero también a productores, ganaderos, ONG y otros sectores.
El reto ahora es lograr que en Nicaragua se alcance un nivel de conciencia suficientemente alto como para que cada habitante intente impactar menos en el medio ambiente, con prácticas tan sencillas como no derrochar el agua, o tan complejas como crear empresas con producción limpia, a fin de reducir los efectos del calentamiento global.