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Permanecer por horas emboscados en los árboles fue una forma de vigilancia de los oficiales de las fuerzas especiales en el trabajo realizado en la finca La Ceiba. (LA PRENSA/CORTESÍA PN)
Los rostros ocultos de la Operación Fénix
Al final de la misión, los miembros de las fuerzas especiales que tuvieron a cargo el trabajo de vigilancia permanente en la finca La Ceiba, donde era construida una pista clandestina de aterrizaje terminaron con enfermedades de la piel, pero con la satisfacción de haber cumplido
Elízabeth Romero
nacionales@laprensa.com.ni
Narcos advertidos


“Donde quiera que estén les reiteramos nuestro compromiso en una lucha frontal contra ellos, no les tenemos miedo, no nos van a doblegar. Podrán tener aviones, barcos, helicópteros, asesinos a sueldo, millones de dólares, pero jamás van a tener el coraje, el valor, la disciplina, la entrega, el servicio y el amor a su pueblo que tiene esta Policía”, advirtió ayer la jefa de la Policía Nacional, primera comisionada Aminta Granera a los miembros del crimen organizado.

Granera reiteró que la Policía está comprometida con Nicaragua para liberar al territorio nacional de la violencia, de la descomposición social y de la tragedia que implica el crimen organizado en el país.

Al iniciar el discurso se había dirigido a sus subordinados diciéndoles: “No voy a decir un discurso, el discurso y las palabras las están escribiendo ustedes en las páginas de la Policía Nacional”.

De esta forma manifestó su respeto por los oficiales de esa institución y su lucha contra el narcotráfico.

Condecoran a destacados

Los tres oficiales son parte de 20 oficiales anónimos miembros de las diferentes especialidades de esa institución que ayer fueron condecorados con la medalla al mérito Primer Comisionado Christian Munguía, por su participación sobresaliente en las operaciones Fénix y Gladiador de lucha contra el narcotráfico, en las cuales pusieron en riesgo sus vidas.

Otros 80 oficiales recibieron diplomas de reconocimiento por su destacada participación.

La condecoración fue efectuada en un acto especial desarrollado en las instalaciones de la Dirección de Operaciones Especiales Policiales (DOEP), presidido por la Directora de la Policía, primera comisionada Aminta Granera.

Entre las especialidades que participaron en estas operaciones sobresalen la Dirección Antidrogas, de Inteligencia, Auxilio Judicial, Investigaciones Económicas y de los territorios donde se desarrollaron las mismas.

En el primer caso la Policía desmanteló una célula local de apoyo logístico al cártel mexicano de Sinaloa, la captura de 22 sospechosos, entre ellos varios cabecillas de esa estructura, así como bienes muebles e inmuebles utilizados para garantizar el trasiego de droga hacia el Norte.

El segundo caso se ejecutó el pasado martes, a 40 millas náuticas en dirección a Masachapa, donde la Policía capturó a cuatro colombianos y un guatemalteco, ocupó una embarcación con un poco más de toneladas de cocaína.

Durante su intervención en el acto la jefa policial dijo que posteriormente harán el reconocimiento a los oficiales que participaron en la operación Agateyte, ejecutada el jueves y que permitió la captura de siete sospechosos hondureños, la incautación de 750 kilos de cocaína, así como dos vehículos una camioneta y un camión placas hondureñas.

Satisfechos

Días después de concluida la misión en la Operación Fénix uno de los oficiales considera que su mayor satisfacción es que él y su compañero salieron con vida e ilesos de la Operación Fénix. Porque la permanencia en esa institución representa “compañerismo, hermandad, familia y sufrimiento”, dijo.

Un pasamontañas protege sus identidades, pues de ello depende la seguridad de sus vidas. Son los policías que formaron parte de la Operación Fénix.

Ellos son tres oficiales de la Dirección de Operaciones Especiales Policiales (DOEP) que durante tres semanas permanecieron escondidos bajo tierra o arriba de un árbol vigilando los movimientos en la finca La Ceiba, en la comunidad San Agustín, donde un grupo narco vinculado al cártel de Sinaloa construía una pista clandestina que permitiría el trasiego aéreo de drogas.

La finca La Ceiba está ubicada en el kilómetro 67 de la Carretera Panamericana, a un kilómetro aproximadamente está la casa donde se alojaban los integrantes del grupo dedicados a la vigilancia y construcción de la pista clandestina, distante de ese local a unos dos kilómetros al Oeste. La propiedad está ubicada entre Tipitapa y Ciudad Darío.

Estos oficiales vencieron el hambre, las altas temperaturas del día, la necesidad de moverse y hasta llegaron a ingerir su propia orina para reemplazar el agua, y así seguir con su vista paso a paso los movimientos del grupo de sospechosos.

Por el riesgo que representó la misión realizada por los tres oficiales, éstos se identifican con números.

Con 13, 16 y 25 años de permanencia en las filas policiales los oficiales integraron un grupo de agentes cuya cantidad no fue precisada. Ellos participaron en una de las más riesgosas tareas emprendidas por la DOEP.

El trabajo de estos hombres permitió a la jefatura policial no sólo conocer, sino documentar paso a paso las acciones de los sospechosos en esa finca y sobre la construcción de la pista clandestina de aterrizaje.

En muchos casos, la labor de estos oficiales, como los tres que brindaron su testimonio a LA PRENSA, permitió a la Policía documentar con fotografías todas las acciones que los miembros de la estructura logística local del cártel de Sinaloa realizaban alrededor de la construcción de la pista clandestina que permitiera el aterrizaje de un avión con capacidad de dos a 2.5 toneladas de droga.

El 14 de abril pasado, la Policía ejecutó la operación Fénix, que consistió en una serie de operativos simultáneos hasta desmantelar el grupo logístico asentado en el país.

Un día antes cinco miembros de la red habían sido arrestados en plena carretera con dirección a Tipitapa, cuando se movilizaban en sus tareas de aseguramiento a la pista clandestina que construían. Otros 17, entre mexicanos y nacionales, fueron capturados después.

TRABAJO SILENCIOSO

Entre ellos únicamente se comunicaban por señas y aprovechaban la oscuridad de la noche para estirar un poco las piernas, pues hubo momentos en que permanecieron “encharralados” o enterrados hasta 18 horas consecutivas, atentos a todo movimiento sospechoso.

“Nos turnábamos con las guardias (vigilancia)” pues en ese momento lo importante también era la subsistencia, señala uno de los oficiales encubiertos.

Por la incómoda posición en que se encontraban y con pocas posibilidades de abastecimiento los oficiales consumían cuando máximo 12 onzas de agua en 24 horas (equivalentes a un botella de gaseosa).

Al final de la misión uno de ellos, según dijo, perdió ocho libras de peso, dado que en casos como el recientemente vivido deben llevar lo limitado: agua, galletas y avena.

“Se llegó el tiempo crítico, que tuvimos que consumir nuestra propia orina; compartir y hacer un avena, un pinol para poder alimentarnos”, señaló un segundo de los tres oficiales que conversó con LA PRENSA.

Además de mantener informados a sus superiores sobre el desarrollo de la labor de los sospechosos, los oficiales pudieron captar con fotografías los trabajos de chapoda del terreno donde construirían la pista de aterrizaje, el ir y venir de vehículos y maquinaria con la que efectuaban la nivelación del terreno para la construcción de la misma, así como de los hombres que con lámparas en mano o con fusil al hombro, apoyaban en la jornada oculta.

MISIÓN PELIGROSA

La misión principal era impedir que la aeronave prevista a aterrizar en cualquier momento no despegara.

El agente número uno que participó en la conversación revela que estaban preparados para cualquier reacción de los narcos. Si el avión hubiese aterrizado, estaban listos para impedir que despegara nuevamente, aunque eso significara accionar sus armas de fuego.

Uno de los participantes en tan riesgosa misión asegura que la convicción de servicio era lo único que les mantenía en pie.

La rutina fue la misma: “De espera y en una disposición completa para realizar el trabajo en el momento que se diera una situación”.

“Por eso, (uno) se prepara física y psicológicamente para este tipo de eventualidades”, señala el primero de los abordados.

Para ser abastecidos de alimentos livianos sus superiores les indicaban el lugar y la hora por donde iban a pasar dejándolos, ellos debían buscar la manera y las vías alternas para evitar que fueran descubiertos.

La mayor parte de las fuerzas estaban disgregadas y sólo se lograban comunicar por señas o a través de un enlace.

AFECTADOS POR PLAGAS

Al concluir la misión, por la permanencia en el suelo y la intemperie, éstos terminaron afectados por todo tipo de parásitos como garrapatas y totolates que se les adhirieron a la piel.

“En un inicio lo sentí, pero cuando ya estás allí enterrado, con tiempo sin bañarte, sin estar consumiendo mucho líquido, sin lavarte, ni nada, lo que hacés es quitártelas. Tenemos señas donde quedaban pegadas las garrapatas en el trasero”, dijo el segundo de los oficiales.

Estos oficiales recuerdan que la primera vez que se bañaron fue a los 18 días de la misión y con pocas posibilidades de movimiento.

Aunque ellos sostienen que están entrenados para estas misiones, hubo instantes en que aseguran, el hambre, la fatiga, el cansancio, la insolación llegó a marearlos, “pero uno dice: voy hasta el final”, dijo el segundo de los entrevistados.

El tercero de los participantes recordó que ellos están preparados para toda clase de misión que les encomiende el mando. Destacó que cuando sumaron 18 días y no se habían bañado varios de ellos presentaban los estragos como tiña y los pies con llagas.

Señaló el tercero de los oficiales que por el sitio donde se encontraba pasaron cerca de él coyotes, venados y hasta víboras de cascabel.

Y como se encontraban en un sitio ocultos y no podían hacer ruido ni siquiera para espantar a las víboras, recurrieron a piedritas para que las víboras se corrieran y no siguieran molestando.

¿LOS HABÍAN DETECTADO?

Llegó un momento en que los sospechosos que se movilizaban de la casa de la finca a la pista o viceversa llegaron a pegarle fuego a predios aledaños a la pista, distante a menos de diez varas de donde dos de los oficiales permanecían encubiertos.

“Coordiné con mi compañero, con mi binomio, (pareja) de que iba ir a buscar otra posición de escape para no ser detectados y no romper el silencio de la misión. Porque al romperse el silencio se cae la misión”, sostuvo el primero de los oficiales. Tras considerar que los sospechosos que permanecían en la finca La Ceiba habían prendido fuego al sitio para ver qué sacaban de esa quema, fue en ese momento que evacuaron el punto sin ser descubiertos.

“Nos buscaron, nos siguieron para detectarnos, ellos andaban armados, con señales y si nos hubiesen agarrado en ese momento íbamos a tener que repeler el fuego”, sostuvo el oficial número uno, quien indicó que permanecieron cambiando de posición pues los sospechosos los siguieron buscando y permanecieron así “al juego del gato y el ratón”.

“Si nos hubieran descubierto nos hubieran desgraciado”, dijo el oficial.

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