/La Prensa/Orlando Valenzuela
La Nicaragua que se apaga
Martha Solano Martínez y Sergio León C.
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Acciones del gobierno

Hasta la fecha el gobierno sandinista de Daniel Ortega le ha hecho frente al déficit energético, trayendo 32 planta que trabajan a base de diesel y que están generando actualmente 48 megavatios. Estas plantas fueron bautizadas con el nombre de “Hugo Chávez”.
A esto se le suman los 1.8 millones de bombillos ahorrativos que el Inss inició a distribuir entre sus contratantes, desde el pasado 22 de junio. Se prevé que este procesdo dure 3 meses. A mediano plazo, Nicaragua firmó convenios con Cuba y Taiwán para traer generadoras de 60 megavatios a base bunker fuel oil, a finales del 2007. Y las acciones realizadas hasta ahora se sellan con la iniciativa de reforma a la Ley de Estabilidad Energética que busca congelar los incrementos en la tarifa eléctrica durante un año.

Proyectos en lista

Los proyectos que menciona el Ministro de Energía y Minas como los “más atractivos” que se han seleccionado para la expansión de la capacidad de generación, están ubicados en diversos puntos del país. Con éstos se espera cumplir la estabilidad energética que el gobierno de Daniel Ortega supuestamente alcanzará en el 2012.
Entre los que se mencionan están: Hidropantasma, Salto Y-Y, Larreynaga, San Jacinto Tizate, que para fines del próximo año produciría de 27 a 30 megavatios, el Hoyo Monte Galán, concesionado a una empresa mixta salvadoreña e italiana. “También tenemos los proyectos hidroeléctricos medianos, como los de la cuenca del Río Grande de Matagalpa, que es muy probable que genere unos 220 megavatios para el período 2011-2012”, dice Rappaccioli. Existe una lista oficial ampliada sobre estos proyectos, que según se sabe la maneja el Ministerio de Energía, sin embargo LA PRENSA no puedo tener acceso a ésta, así también quedó a la espera que la Dirección de Planificación de ese mismo ministerio ofreciera la entrevista solicitada hace más de una semana.

Los últimos gobiernos han puesto oídos sordos a las voces que vaticinan desde hace varios años el desastre energético: las viejas plantas colapsarán por sobreexplotación y falta de mantenimiento, el precio del petróleo se disparará, Apanás se secará y el país vivirá su noche más oscura. Ahora, el Apocalipsis ha comenzado a tocar nuestras puertas

En el fondo todo es petróleo. Nicaragua apostó al petróleo y perdió. El 80 por ciento de la energía que se produce actualmente se origina en el petróleo y sólo un 20 por ciento procede de fuentes renovables. Toda una contradicción si se considera que el país no produce petróleo y, en cambio, abunda en fuentes no renovables.

Desde la época de Anastasio Somoza se vislumbró el desastre. Nicaragua necesitaba crear fuentes propias de energía y recortar la dependencia del petróleo. De lo contrario vendría el colapso. Y el colapso llegó. Los nicaragüenses están llegando al borde de su paciencia por la falta de energía eléctrica. Protestas en la capital, quemas de llantas y cierre temporal en algunas vías, son algunas de las primeras manifestaciones populares. Se pide a gritos la cabeza de la distribuidora de energía Unión Fenosa, y las autoridades comienzan a desempolvar, apresurada y desordenadamente, los viejos proyectos que servirían para evitar el Apocalipsis vaticinado, y a los que nadie hizo caso en el momento oportuno.

“Hay estudios de prefactibilidad y factibilidad que tienen 20 años de existencia, se han revisado, se han actualizado y se han ampliado para otros sitios en las fuentes hídricas que tenemos en el país”, dice el nuevo Ministro de Energía y Minas, Emilio Rappaccioli. Nuevo y viejo personaje en el mundo de la energía, porque es el mismo que estuvo a cargo de esta cartera en el gobierno sandinista en la década del ochenta. “Emilio Rapagón”, le bautizó la sátira popular por las largas noches oscuras de aquella época, que el gobierno sandinista atribuyó principalmente a una causa: la guerra.

“Estamos hablando de 1,750 megavatios en proyectos hidroeléctricos que tienen estudios de prefactibilidad y factibilidad. Más de un mil megavatios en proyectos geotérmicos que tienen estudios a nivel de reconocimiento y prefactibilidad, estudios eólicos que señalan un potencial mínimo de 500 megavatios”, agrega Rappaccioli.

Pero si desde hace más de dos décadas se conoce que el país tiene recursos propios para solucionar de manera más barata y complaciente para el medio ambiente, por qué se ha hecho caso omiso a esa información.

Actualmente hay un déficit energético alrededor de 120 megavatios, que genera “cortes” de casi ocho horas. Las empresas generadoras dicen estar expuestas a las alzas en los precios internacionales del petróleo y el mal estado de sus plantas, los usuarios se quejan de pérdidas de perecederos y averías en sus electrodomésticos, la distribuidora Unión Fenosa declara pérdidas por clientes morosos o ilegales y la cadena se hace más larga cuando la unimos a las maniobras políticas que han “desarrollado” los últimos gobiernos para hacer quedar mal a sus opuestos o viceversa.

El punto es que el caos continúa, el gobierno del presidente Daniel Ortega pide paciencia y dice estar poniendo en marcha un plan para que esto acabe en marzo del 2008.

El plan consiste en darle una mano a Unión Fenosa, logrando que a través de una Ley urgente propuesta por el Ejecutivo se compre al crédito energía a las generadoras estatales, hasta aminorar la mala racha a principios del 2008, tiempo en el que se pronostica que bajarán los precios del petróleo y en que se supone se comenzaría a generar más energía renovable.

Según declaraciones del Ministro de Energía y Minas, en Nicaragua “prácticamente desde que entró la segunda unidad geotérmica de Momotombo en 1989, hasta el presente, lo único que ha entrado a operar como planta de generación alterna son las que hicieron en (los ingenios) San Antonio y Monte Rosa, que dan un gran aporte al Sistema Interconectado Nacional, limitado al tiempo de zafra”.

En el período de zafra, que dura de noviembre a mayo, generan 60 megavatios. Pero incluso, aún fuera de ese tiempo, “el Ingenio San Antonio está inyectando al Sistema 11 megavatios generados con astillas de eucalipto. O sea, queman esas astillas para producir el vapor que mueve las turbinas y probablemente va seguir así por unas dos semanas más”, dice Rappaccioli, quien vivió una experiencia similar mientras fue Ministro de Energía durante el primer gobierno sandinista, entre 1986 y 1990.

En aquel entonces se pagaban unos 17 dólares por el barril de petróleo, precios que ahora resultan irrisorios en comparación con los más de 67 dólares que se registran por barril.

Hay experiencias pequeñas que ponen en evidencia el mal manejo energético nacional. Las escuelitas y más de 1,500 pobladores de cinco comunidades locales de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS) cuentan con energía automatizada, gracias a un sistema combinado de energía solar y eólica, que les brinda la firma BlueEnergy, con el apoyo del Instituto Politécnico Cristóbal Colón (IPCC), de Bluefields, adscrito al Instituto Nacional Tecnológico (Inatec).

Ahí los pobladores tienen instaladas torres con sistemas eólicos en varias comunidades de Laguna de Perlas y Bluefields, y paneles solares sobre los techos.

“Todas las escuelitas en esas comunidades tienen luz por primera vez. También tienen energía sus pobladores, a través de unas baterías que llegan a cargar en un puesto de carga, luego se van a sus casas, conectan y encienden sus bujías y ven sus televisores o escuchan radios”, celebra Guillermo Craig, director de BlueEnergy en el país.

Laguna de Perlas, Set-Net Point, Kahkabila, las oficinas administrativas del Inatec en Bluefields, Punta de Águila y Monkey Point, son algunas de las comunidades que se benefician con este proyecto que tiene un origen bastante romántico.

Cuando Mathias y Guillermo Craig, originarios de Estados Unidos pero radicados en Francia, visitaron Bluefields (RAAS), con apenas 11 y 13 años respectivamente, junto a su progenitora Collet Craig en 1989, nunca pensaron que 18 años después estarían inaugurando proyectos eléctricos de desarrollo regional.

Los hermanos Craig, ahora de 28 y 31 años, retornaron a su país de origen, luego de la derrota electoral del FSLN en el 1990, y en el 2004 regresaron a Bluefields para seguir los pasos de su mamá, quien colaboraba voluntariamente con un organismo local en el rescate de la lengua rama, en Rama Cay.

“Observamos que el desarrollo nunca llegaba a las comunidades, entonces decidimos ayudar, hicimos unos proyectos eólicos y solares a varios organismos de Francia, Estados Unidos, Canadá, Finlandia y se aprobaron. Gracias a eso unos 1,500 pobladores que antes no tenían luz ahora tienen”, celebra Mathias.

Pero no todo ha sido como lo habían soñado. La iniciativa de los Craig, junto a una larga lista de voluntarios en Canadá, Estados Unidos y Francia, es masificar su idea para que así toda la Costa Caribe de Nicaragua, sobre todo aquellos sitios que nunca han recibido “servicios públicos”, finalmente los tengan. Pero para ello necesitan dinero.

“Hay un programa (del Estado) para desarrollar energía alternativa en las comunidades aisladas, pero no se ha desarrollado. Es bastante lento. No hay un cuadro definido para el desarrollo de energía alternativa. No hay obstáculos, pero tampoco hay incentivos”, dice Julie Zarka, directora de comunicaciones de BlueEnergy Nicaragua.

“Como son tecnologías nuevas, en Europa y todos los países donde las están desarrollando han definido estrategias para incentivar este desarrollo. Eso es lo que está faltando en este momento en Nicaragua. Cada comunidad aislada se podría beneficiar de varios sistemas para varios usos, sea un uso de iluminación personal, uso productivo para talleres de madera. Ellos necesitan de todo, no tienen nada”, manifiesta preocupada Julie Zarka.

La dinámica de BlueEnergy podría ser la única que se está llevando a cabo en esa región del país. Según manifiestan sus directivos, han sostenido reuniones con la Dirección de Planificación del Ministerio de Energía y Minas, donde se maneja un fondo para el desarrollo de electrificación rural, pero no han tenido las respuestas inmediatas que desean.

Mientras tanto, BlueEnergy, que se define una entidad sin fines de lucro, compite en diversos organismos internacionales para conseguir el financiamiento de al menos un molino de viento más que llevaría “luz” a más habitantes de las RAAS.

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