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El discurso del atraso
Douglas Carcache
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El Estado de Nicaragua puede estar gastando más de 200 mil dólares por semana en los mítines del presidente Daniel Ortega, si asumimos que hace uno cada tres días y que cada evento tiene un costo mínimo de 100 mil dólares, por los servicios que contrata, que van desde flores y portátiles hasta largas transmisiones de televisión y radio.

Según esos cálculos, en los 14 meses que ha gobernado Ortega el Estado ha perdido al menos 11 millones de dólares, al gastar en esos discursos; y esas cuentas las pagan luego todos los nicaragüenses.

Hay otras pérdidas, sin duda mayores y aun sin registrar o precisar, que se derivan de las mismas concentraciones políticas y son resultado directo de los discursos de Ortega, quien parece empeñado en hacer retroceder el país, al oponerse al comercio libre y amenazar a los agricultores con obligarles a vender su producción al Estado.

¿Cuánto ha perdido Nicaragua por el retraso o cancelación de nuevas inversiones, por efecto del temor de los empresarios a un gobierno que ve como enemigos a los exportadores? Es una cuenta todavía desconocida, pero hay indicios de consecuencias negativas en ese terreno, porque en las empresas de zona franca han desaparecido al menos seis mil empleos.

También se sabe que algunas inversiones en turismo, que hasta el año 2006 estaban dirigidas a la zona nicaragüense de Tola, cambiaron de rumbo y aterrizaron en el país vecino, Costa Rica, donde en los primeros tres meses de este año los permisos para nuevas construcciones, incluidas las turísticas, aumentaron 11 por ciento.

En Nicaragua, donde la consigna gubernamental es luchar contra el capitalismo, el sector construcción ha decaído y hasta principios del 2008 había por lo menos cinco mil obreros de la construcción en desempleo que deseaban ir a trabajar a Costa Rica, mediante un convenio entre los ministerios del Trabajo de ambos países.

Sin embargo, mientras los nicaragüenses padecen por las alzas de precios de los combustibles y los alimentos, el Estado también ha gastado casi cinco millones de dólares en un año para mantener en calles y carreteras más de 80 rótulos con la imagen del sandinista Daniel Ortega y los mensajes “arriba los pobres del mundo” y “poder ciudadano”.

Ese derroche de fondos públicos, que en nada beneficia a los pobres de Nicaragua, va creciendo porque cada día se ven más rótulos con el rostro de Ortega y son más frecuentes sus discursos en plazas públicas.

Entonces, mientras el vecino Costa Rica duplicará este año (hasta US$14 millones) el gasto en la promoción internacional de su oferta turística, para garantizarse de que el flujo de visitantes crezca a pesar de la crisis económica internacional, en Nicaragua el Gobierno busca cómo aumentar el gasto en la promoción de la imagen de Ortega.

La diferencia en los resultados seguramente será que, mientras a Costa Rica arribarán más de los 1.9 millones de turistas que llegaron el año pasado, de Nicaragua se alejarán algunos inversionistas y emigrarán miles de nicaragüenses hacia otros países en busca de trabajo.

El Estado nicaragüense ha invertido dinero para que Ortega, con sus discursos, acabe con los negocios y el empleo.

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