Los peligros de los peatones
Entre las muchas carencias de Nicaragua hay que incluir la de una cultura peatonal que es de primordial importancia para la seguridad pública y personal de los ciudadanos, en esta época en la que predomina el transporte automotor.
En realidad, cada vez son más las personas atropelladas por vehículos de motor, en parte porque muchos choferes conducen de manera irresponsable pero también porque el sistema vial es excluyente para los peatones, y además porque no hay cultura peatonal y las personas cruzan las calles y avenidas cuando y como quieren. Parece mentira pero había mucha más educación vial, señalización y seguridad peatonal cuando el transporte automotor del país era mucho menor que ahora.
Tiempo atrás, en las ciudades con tráfico vehicular de alguna consideración, había en todas las esquinas las rayas paralelas de los pasos peatonales y, en términos generales, los conductores detenían los vehículos antes de llegar a ellas, tal como lo establece la ley, lo manda el sentido común y lo exige el respeto a la integridad del ser humano. Inclusive los conductores detenían la marcha de sus vehículos para dar pase libre y seguro a los peatones, aunque éstos cruzaran fuera de las zonas de seguridad, de la misma manera que en los autobuses los hombres cedían los asientos a las mujeres y los jóvenes a las personas mayores.
Particularmente en las ciudades que tienen un ritmo intenso de tránsito automotor es menester que se tomen las debidas providencias para dar seguridad a los peatones, tanto por medio de la señalización adecuada y sobre todo con la colocación de semáforos para el tránsito de personas, como de programas de educación vial que deberían asumir conjuntamente el gobierno central (delegaciones del Ministerio de Educación), alcaldías, autoridades policiales, empresa privada y organizaciones de la sociedad civil.
Se sabe que más o menos una cuarta parte de los accidentes ocurridos en todo el país son de peatones atropellados, muchos de los cuales pierden la vida, sufren graves lesiones que los dejan inútiles parcial o totalmente, y que en fin les provocan graves contratiempos y pérdidas materiales. Muchos de los accidentes de tránsito en los que viandantes son atropellados por vehículos, ocurren porque los peatones no cruzan las calles y avenidas por donde corresponde. Y además, un alto aunque no precisado porcentaje de las víctimas de esos accidentes son menores entre 5 y 15 años de edad.
De acuerdo con los expertos en seguridad vial a nivel internacional, las y los menores de edad son más propicios a los accidentes por atropellos automovilísticos, debido a razones motrices y sensoriales. Los menores, dicen los especialistas, tienen más limitaciones del campo visual, lo que les impide detectar el movimiento fuera de su ángulo de visión, y hasta los 12 años no pueden dividir bien su atención entre cruzar la calle y mirar el tránsito simultáneamente.
Las personas bastante mayores, por su parte, tienen movimientos más lentos y dificultades para distinguir el color de los semáforos y calcular la velocidad de los vehículos automotores, además que con frecuencia se distraen o se desorientan al caminar por las calles en las que hay mucha circulación vehicular.
De manera que las campañas de educación peatonal deben atender preferentemente a esos grupos de edad que son más vulnerables a la inseguridad vial, y en general se debe orientar a que los peatones fijen el hábito de cruzar las calles y avenidas sólo por las esquinas, esperar el cruce sobre la acera y no asumir actitudes imprudentes que sorprenden a los conductores y precipitan los accidentes.
Una antigua regla y costumbre social que es necesario restablecer es la de que el peatón debe tener absoluta preferencia de paso frente a los vehículos automotores, haya o no semáforos, pues la imprudencia o distracción de un transeúnte no puede convertirse en excusa para que los conductores atropellen a las personas.
En realidad, si no somos capaces de resolver los problemas más grandes de la nación, al menos deberíamos preocuparnos por garantizar algo tan elemental e indispensable, como es la seguridad de los peatones, es decir de los seres humanos, de nosotros mismos. 
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