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JUEVES 26 DE JULIO DEL 2001 / EDICION No. 22441 / ACTUALIZADA 11:30 pm

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Mensajes de las encuestas

Lo más significativo que revela la última encuesta de M&R —que LA PRENSA dio a conocer esta semana—, es que se está reduciendo la brecha que separa al candidato presidencial sandinista, Daniel Ortega, del candidato por el gubernamental PLC, Enrique Bolaños Geyer. Y que podría ser irreversible la tendencia a que siga disminuyendo la ventaja de Ortega sobre Bolaños, a medida que se aproximen los comicios del cuatro de noviembre.

En efecto, la comparación de la última encuesta de M&R —cuyas muestras fueron tomadas entre el 10 y 16 de julio corriente— con la que en mayo pasado hizo la misma firma encuestadora, demuestra que la intención de voto a favor de Ortega aumentó en ese período 1.8%, mientras que Bolaños subió 4.6%, o sea que el candidato sandinista pasó de 37.6% que tenía en mayo a 39% que tiene en julio, pero su competidor liberal subió de 29.8% a 34.4%.

Si bien es cierto que Daniel Ortega y el FSLN arrancaron en esta competencia electoral con una intención de votos superior a la de sus adversarios —puesto que por la naturaleza ideológica del partido sandinista su militancia política es disciplinada y su base electoral es más sólida que la de los otros partidos, incluyendo al gobernante PLC—, sin embargo su techo electoral es más bajo que el de los liberales. O sea, que Ortega sólo podría subir unos pocos puntos más en tanto que es mayor la posibilidad de crecimiento de Bolaños, como en efecto viene ocurriendo.

Otro dato importante de la última encuesta de M&R es que el 45.1% de los ciudadanos consultados no quisiera que Daniel Ortega ganara las elecciones bajo ninguna circunstancia; en tanto que sólo el 39.3% (casi exactamente el porcentaje que hubiese votado por Ortega si la elección hubiera sido el día que se hizo la encuesta) opinó lo mismo con respecto a Bolaños. O sea, que con este dato también se demuestra que el potencial del candidato liberal es mayor que el del sandinista.

Por otra parte, según la misma encuesta, el 70.7% de los potenciales votantes del Partido Conservador estaría dispuesto a votar por Bolaños al persuadirse de que sólo éste es capaz de vencer a Daniel Ortega. Y también es interesante la información de que el 61.7% de los ciudadanos opina que debería haber una tercera fuerza política en la Asamblea Nacional, pero el 72.8% de quienes ya han decidido votar en noviembre declaró que lo hará en cascada, o sea, en todas las boletas del partido de su preferencia. Ello indica que la ciudadanía intuye la importancia que tiene para el fortalecimiento de la democracia un Parlamento balanceado entre tres grandes fuerzas políticas, pero no ve claro cómo se podría lograr eso, y se deja llevar por la costumbre de votar igual a todas las boletas electorales del mismo partido.

Finalmente, el último sondeo de M&R indica que la ventaja del que gane la elección del 4 de noviembre podría ser mínima, y con la polarización que hay de los dos partidos extremos eso podría inducir fácilmente al perdedor a desconocer el resultado del escrutinio. Lo que, aunado al alto grado de desconfianza ciudadana (65.7%) hacia el Consejo Supremo Electoral, podría derivar a una crisis de grandes proporciones e imprevisibles consecuencias.

Ante esta sombría perspectiva, se vuelve más importante la observación electoral y el apoyo de la comunidad internacional al proceso democrático. Estados Unidos ya ha comprometido unos cinco millones de dólares para fortalecer el sistema de cedulación y el mecanismo de transmisión de datos electorales, así como para hacer una campaña de motivación cívica del voto. Obviamente, ésta es una ayuda indirecta de Estados Unidos a la candidatura de Bolaños y el PLC, puesto que el abstencionismo sólo favorecería al FSLN y a Daniel Ortega.

Pero lo más importante es que los partidos y sus magistrados en el CSE hagan un compromiso de limpieza electoral y respeto al resultado de las elecciones, y que la comunidad internacional respalde un doble conteo rápido independiente —de Ética y Transparencia y la OEA— que sea reconocido por el Consejo Supremo Electoral. De otra manera, sólo quedaría rezar y prepararse para lo peor.   
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