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DOMINGO 10 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22395 / ACTUALIZADA 12:30 am

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Controversia
El amuleto de Sandino

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.Sandino es una de las figuras más controversiales de la historia de Nicaragua,y a medida que pasa el tiempo se descubren nuevas facetas de su personalidad. La publicación en LA PRENSA de la carta del general José María Moncada, en la que pide a doña Salvadora Debayle de Somoza (“doña Yoya), que le consiga un algodón empapado con sudor de Sandino para conservarlo como amuleto, motiva un interesante análisis del estudioso nicaragüense, Nicasio Urbina
.Una lectura lúdica de la carta del general Moncada.

 

Nicasio Urbina

La publicación del reportaje especial de Karla Marenco sobre Sandino ha sido muy interesante. La carta de Moncada a doña Yoya me llamó la atención y leí el texto como leo tantas otras noticias de Nicaragua, no como historiador ni como lector de literatura de creación, sino como simple lector de La Prensa. Pero el debate hermenéutico que se presenta en el “reportaje” me llevó a releer el texto de Moncada con más atención. Mientras a los historiadores les interesan los datos y las ideas, a mí me interesan más los giros, los tonos, los modos de los textos. Es así como llegué a la lectura que les presento a continuación:

Releyendo la carta del Gral. Moncada a doña Salvadora, y pensando en las posibles interpretaciones que se le puede dar a ese documento, les propongo hacer una interpretación lúdica del texto. Se trata de una carta personal, con una función diplomática y política, basada en una relación social que se apoya en una fiesta religiosa, donde el Gral. Moncada se está burlando un poco de Somoza y de Sandino, de Sacasa y de la misma doña Yoya. Está utilizando la creencia en talismanes, en santos que sudan, para comentar irónicamente los eventos de aquellos días, satirizar la creencia del Gral. Sandino de que él es un elegido que ha venido al mundo a redimir a los pobres, y en la forma en que la gente lo estaba tratando. Es decir, es una epístola con un fin diplomático y político, escrita en forma satírica sumamente sutil.

La primera evidencia que apoya mi lectura es la afirmación inicial de Moncada: “amanecí con buen humor”. De entrada el autor está advirtiéndonos que se encuentra en una actitud jocosa, que siente una alegría vital esa mañana con ganas de reírse de todo. El párrafo final se inicia también con la corroboración de esta misma idea: “Esto es de humor...” Vemos, pues, que el “buen humor” es uno de los elementos claves de toda la carta, la ironía atraviesa todos los sintagmas del texto, dándole a cada frase una intención irónica muy sutil. Se podría especular que acaso que Moncada había pasado algunos días de malhumor con motivo de la firma del convenio de paz y toda la celebración del final de la guerra, la celebración de la figura de Sandino. Pero esta mañana amaneció de buen humor y se dispone a escribir esta carta a doña Yoya.

El ejemplo del “Señor de Trinidad, un Cristo de ébano que suda de su cuerpo unas gotas muy claras” es la excusa para extenderle una invitación a doña Yoya e iniciar el diálogo, y empezar a armar su figura estilística. Dejo para los que saben el historiar esta referencia de la cultura religiosa nicaragüense. Literariamente esta invitación sirve para enmarcar todo el artefacto artístico que Moncada ha montado en esta carta. Es un acto de gentileza por parte del ex mandatario, una cortesía para preparar su misión diplomática, y una forma de ganar la buena voluntad de la persona que ha escogido como intermediaria para el mensaje político. No creo que Moncada haya hecho esto por devoción o que acostumbrara ir de romería con doña Yoya. Simplemente utiliza el hecho en forma muy hábil.

“El algodón empapado en sudor” es para mí una ironía. No tiene en realidad valor literal sino valor metafórico, ya que no creo que Moncada, en realidad, deseara tal talismán. A mí no me parece propicio pensar que en realidad Moncada quería el algodoncito empapado en el sudor de Sandino, ya que Moncada no era inclinado a esoterismos ni a brujerías. Moncada no creía en la reencarnación ni en las fuerzas magnético-espirituales. Como dice el Dr. Bolaños Geyer en su entrevista publicada en LA PRENSA, junio 1, 2001, “Moncada no era místico”. En el libro de Moncada “El hemisferio de la libertad” (México: Editorial Cultura, 1941), el capítulo XIII, “El azote de Dios”, empieza afirmando: “El autor de este pequeño libro nunca ha creído en la transmigración de las almas, la metampsicosis de los antiguos indios, y egipcios y de Pitágoras” (137). El “algodoncito empapado en sudor” es una burla a la estima y el regocijo con que fue recibido Sandino en Managua, con la estatura heroica que se le está dando. Si no de qué forma podemos interpretar la referencia a la llegada de Sandino a Managua, en relación a que “Todos con el debido respeto le han limpiado del cuerpo el sudor”. ¿Es esto literal? Yo no soy historiador y no tengo elementos para afirmarlo o desmentirlo. Como literato prefiero interpretarlo irónicamente, entendiendo que Moncada critica la forma en que fue recibido Sandino, la adulación de algunos de sus seguidores, el tratamiento de héroe que se le estaba dando.

En realidad, lo que está en juego aquí es un fenómeno mayor que yo estudio bajo el aspecto de la “miticidad”: la calidad de los fenómenos para convertirse en mito. Moncada se está refiriendo al momento culminante de la vida de Sandino, ya convertido en héroe triunfante firmando un convenio de paz, y habiendo “derrotado” a los Estados Unidos. Es la miticidad de Sandino lo que Moncada está criticando. Esa miticidad que ya estaba en su madurez, faltando solamente la inmolación del mártir para completar los elementos de la gran miticidad de Augusto C. Sandino, tal como ha pasado en la historia de Nicaragua y lo conocemos hoy en día, tal como ha sido modelada a lo largo de cuatrocientos textos diferentes, hasta ahora con su estatua en Niquinohomo erigida por el gobierno liberal de Arnoldo Alemán.

La petición “inusual” a Somoza, o a los Sacasa, “que se sentaron en la mesa con el famoso bandolero” también puede ser interpretada como una burla a los mismos Somoza y Sacasa por haber cedido, por haber sido derrotados por Sandino. Piénsese en la contraposición que hay entre el “algodoncito empapado en sudor” y el calificativo “bandolero” para entrever de inmediato que hay un juego irónico de alta estilística. Somoza y Sacasa son representados metonímicamente como esos feligreses que asisten con su algodoncito en la mano a enjugar las secreciones del Señor de Trinidad. Moncada ridiculiza de esta forma las negociaciones con Sandino, sabe que ahí no habrá milagro y se está burlando de Somoza a través de doña Yoya.

A continuación Moncada reitera la intención de todo el escrito: “Esto es de humor”. A los que no lean esta esquela con toda su carga de humorismo les faltan ojos, porque el autor lo está diciendo claramente. Como el cuento jocoso o la enseñanza medieval y la conseja, este chistecito puede servir “para que Dn. Tacho se acuerde”. He ahí el fin educativo de la broma, su función edificante. Recordemos que Moncada fue un teórico de la educación, y en esta epístola está demostrando su habilidad docente y su destreza literaria.

El episodio “de los Galeotes a quienes Don Quijote libertó” nos remite a la cultura libresca de José María Moncada. Recordemos que en “Quijote” I, 22 Don Quijote liberta a un grupo de rufianes, que una vez liberados lo apedrean hasta dejarlo mal muerto. El tema es la ingratitud, que para Don Quijote es “uno de los pecados que más a Dios ofende” (Madrid: Clásicos Castellanos, 7 vols. 1911. Vol. 2, 224). Con lo que Moncada quiere advertir a Somoza de la ingratitud de la que puede ser objeto más adelante por parte de Sandino. Diciéndole que en cualquier momento Sandino le va a pagar mal.

La cita de Fabard, escritor militar -para mí totalmente desconocido- sobre que “el buen jefe nunca debe dormirse confiado en la buena fe de un tratado” es una clara advertencia. En este punto creo que tanto Aldo Díaz Lacayo como Marco Navarro Genie están en lo cierto al interpretar que es un mensaje para que se cuide de Sandino y de la buena fe del tratado. No sé si se puede interpretar que “lo elimine”. De cualquier manera, aquí está el meollo de su intención diplomática: advertir a Tacho, a través de Doña Yoya, del peligro que representaba Sandino. En cuestión de tratados Moncada tenía una espina negra metida muy dentro del corazón, y Sandino era una de las personas que más daño le había hecho, con lo que su advertencia está bien fundada.

De esta forma yo creo que la carta de José María Moncada es una epístola personal, altamente irónica, burlesca en la mejor tradición güegüense de nuestra literatura, un documento de la diplomacia y la política nicaragüense, donde el hábil político está influyendo en el Gral. Somoza a través de la persona con más acceso y más íntimo espacio en su vida, su esposa. Hábil y efectivo recurso de negociación política por la puerta de la cocina. Con ese fin Moncada, que es un consumado escritor, redacta esa nota donde el humor juega un papel central, sirviendo la ironía para burlarse de Sandino y de Somoza, de Sacasa y del convenio de paz. Para advertirle a Tacho que no se confíe de Sandino que nunca ha respetado los pactos, como bien recordaba Moncada todos los días de su vida desde 1926. Para tres propósitos tenía que servir aquel escrito: no fácil tarea para llevarla a cabo en dos escuetas cuartillas. No obstante el poeta Moncada lo logra en forma muy elegante, placentera, probablemente efectiva en cuanto a su propósito diplomático, y ahora famosa por este debate tan constructivo que ha generado.

El autor es escritor nicaragüense
Tulane University
  
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