No a la violencia
Freddy Potoy freddy.potoy@laprensa.com.ni
Es importante que en esta recta final de la campaña electoral, los líderes políticos se comprometan a contener esos brotes de violencia que a momentos han sido alentados por ellos mismos con un lenguaje confrontativo y con una marcada cuota de malas intenciones.
Las provocaciones de los sandinistas al punto de llegar a agredir a los liberales o las palabras viscerales que a veces sueltan, por ejemplo, don Wilfredo Navarro Moreira o el señor Pedro Solórzano, absolutamente en nada contribuyen a un proceso electoral muy reñido hasta el momento. No es con ofensas ni agresiones físicas que se obtendrán mejores resultados, no es con un lenguaje cargado de odio que el FSLN o el PLC convencerán a ese significativo porcentaje de indecisos.
Los dirigentes de los partidos políticos tienen una gran responsabilidad: contener a sus militantes y no permitir actos de violencia antes de las elecciones, y ser lo suficientemente maduros como para aceptar los resultados, gane quien gane.
No es diseñando triquiñuelas electrónicas en los sótanos de algunos edificios estatales de este país, ni organizando “comandos” o brigadas de choques que se contribuirá al fortalecimiento de la democracia en Nicaragua.
Los momentos más difíciles se vivirán seguramente después de las doce de la noche del cuatro de noviembre. Es allí donde se requiere de un verdadero liderazgo político para mantener las cosas bajo control. Ese día habrá mucha presión y la ciudadanía estará muy atenta sobre la utilidad de organismos como Ética y Transparencia, del cual se espera total independencia y que dé a conocer los datos sin miedo ni ataduras políticas. La Policía Nacional deberá demostrar altos niveles de profesionalismo en el desempeño de sus funciones, y garantizar la seguridad de todo el proceso electoral. Y de los magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE) dependerá en gran parte que el cuatro de noviembre este país no se convierta en un polvorín político.
Las 108 quejas, peticiones y denuncias, según el informe oficial dado a conocer por el CSE, es un indicador importante que debe guiar a los líderes políticos a ser prudentes con sus acciones y consecuentes con los compromisos que asumen para evitar la violencia.
Los líderes políticos y su militancia fanática deben hacer un pequeño esfuerzo, pensar en Nicaragua y despojarse de esos pensamientos retorcidos que durante toda su vida han prevalecido. Se debe pensar en construir un país con funcionarios honestos y que asuman cargos por capacidad y no por nepotismo o compromisos políticos; en un país que eleve sus niveles de educación; que mejore la salud pública; que garantice la inversión; que desarrolle los potenciales que tiene; que tenga una legislación que brinde seguridad jurídica al ciudadano y no temor de que sus derechos sean violentados por un Estado policíaco. En este sentido es que a todos los nicaragüenses les corresponde trabajar y no enfrascarse en mezquindades que afecten a todo un pueblo. 
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