Periodismo y dictadura
Armando Frontado www.aipenet.com
Caracas (AIPE)— La revolución tecnológica está cambiando el concepto clásico del periodismo en el mundo. Antes la libertad de expresión estaba en la letra impresa y en la palabra del hombre. La Internet, el satélite, la radio y la televisión han creado un nuevo concepto de esa libertad.
Para manipular la libertad hoy en día no basta como antaño cuando los gobiernos manipulaban con medidas fiscales el suministro de papel para los periódicos. Gobiernos, como el de México, controlaban la producción y distribución del papel y así amordazaban a la prensa escrita. Los libros contrarios al régimen eran recogidos y quemados por la policía política. Hoy, el periodismo electrónico ha cambiado radicalmente el proceso de conseguir y difundir la información.
Los hombres y mujeres de todo el mundo son ahora los árbitros de la información y no es necesario tener la licencia de algún colegio de periodistas ni ser un profesional de la información, que vive sólo de eso, para analizarla, procesarla y distribuirla. El satélite y el video nos convirtieron a todos en reporteros potenciales, en un verdadero peligro para aquellos regímenes que intentan imponernos la verdad oficial.
Los millones de personas dueñas de modernas cámaras pueden hoy captar las noticias más trascendentales, imagen y sonido, en cualquier momento y en los lugares más insólitos. Los llamados “videos de aficionados” están dando la hora y transformando la historia. Se trata de un periodismo sin papel que se transmite por el aire.
En Venezuela, el presidente Hugo Chávez amenaza con clausurar a la televisora Globovisión, especializada en transmitir noticias las 24 horas del día, al igual que Fox News y CNN. Chávez se apoya en disposiciones legales que tienen más de 40 años y que conceden al Estado la propiedad del espectro radioeléctrico. Es decir, que en la Venezuela del siglo XXI la televisión y la radio no son propiedad privada, sino una graciosa concesión del Estado. Chávez advirtió que él puede cancelar cualquier concesión de televisión “si me da la gana porque está dentro de mis facultades”.
Si el presidente Chávez hace lo que dice será derrotado por la opinión y el derecho internacional, en uno de los debates más trascendentales del nuevo siglo: ¿puede un gobierno clausurar un periódico electrónico cuando la Constitución garantiza la libertad de expresión en todas su formas y por cualquier medio? Acaso, ¿puede cualquier gobierno imponer una censura porque el aire de su espacio territorial es de aquéllos con poder político?
Si el presidente Chávez avanza en su guerra declarada contra Globovisión, esa batalla será el equivalente a un Stalingrado en la lucha por la libertad de expresión. Hitler perdió la Segunda Guerra Mundial en Stalingrado, aunque la rendición incondicional ocurrió después.
Las circunstancias han puesto en las manos del propio presidente Chávez lo que no le ha ocurrido a ningún otro dictador latinoamericano: decidir él mismo cómo será el fin de su propia existencia política.
El autor es analista político venezolano. 
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