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MIéRCOLES 10 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22517 / ACTUALIZADA 12:45 am

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Serranito: La guitarra me ha acercado el mundo

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.La guitarra es una gran dama... la tratamos muy bien, tiene cuerpo de mujer y el alma de diosa”, dijo Serranito quien conversó con LA PRENSA sobre su carrera, su pasión, el concierto de hoy y sus recuerdos de la vieja Managua

 

Wilder Pérez R
wilder.perez@laprensa.com.ni

¿Quién sería el menor del trío “Los Serrano” si la necesidad no hubiera alcanzado su hogar? Nadie lo sabrá. De lo que hay certeza es de lo que Víctor Monge Serrano es hoy: uno de los mejores guitarristas del flamenco.

Esta noche se presenta en la Sala Mayor del Teatro Nacional Rubén Darío. Antes de las prácticas, desde el Salón de los Cristales lo primero que observa es el Malecón. “Ha cambiado bastante desde el terremoto, cada vez que vengo es lo que noto”, comenta.

“Serranito”, como se le conoce artísticamente, es un hombre sencillo, tanto en vestimenta como en personalidad. Habla en serio de las cosas, sin embargo, no puede hacerlo sin interrumpirse a sí mismo con una broma. Pero todo cambia al tocar la guitarra, y no necesariamente para sacarle música. Su pasión le sale por los poros hasta impactar en el oyente.

LA PRENSA.- ¿Cómo es que le tomó tanta pasión a algo que nació por necesidad?

Serranito.- Empecé a trabajar profesionalmente a los 12 años, esa era la necesidad. Pero la vocación evidentemente existía. Desde entonces no he dejado la guitarra.

LP.- ¿Cómo empezó?

S.– Con mi hermano mayor y un amigo formamos un trío llamado “Los Serrano”, yo era el más pequeño y de ahí vino “Serranito”. Tuve acceso a los mejores guitarristas de flamenco. Aprendí de tanto escuchar. Con 16 años fui contratado por uno de gran categoría que era Juan Valderrama, y ahí empecé a aprender y a ser de otro nivel.

LP.- Es autodidacta ¿cuánto le puede enseñar a uno la guitarra?

S.- Todo. A vivir.

LP.- ¿Cómo le ha enseñado a vivir?

S.- Me ha dado la oportunidad de recorrerme el mundo varias veces en mi vida, y estar en Nicaragua ya de cuatro a cinco veces, y en distintas épocas, que es lo que verdaderamente te enseña. Esa es mi universidad. La guitarra me ha acercado el mundo.

LP.- ¿Cómo a uno le puede enseñar tantas cosas una guitarra?

S.- Habría que preguntárselo a ella —bromea—No. Lo que pasa es que la guitarra es un instrumento universal hoy en día, gracias a los grandes maestros. Nos da la oportunidad para usarla como medio de expresión y, por qué no, para ganarnos la vida. Es una satisfacción, algo muy especial lo que sentimos por ella.

LP.- ¿Cómo describe la guitarra?

S.- Como una gran dama. La guitarra es una gran dama que además la llevamos en su estuche, precisamente por eso, como se merece, la tratamos muy bien, tiene cuerpo de mujer y el alma de diosa.

LP.- ¿No se pone celosa su esposa?

S.- No, porque son amores diferentes. Además, mi esposa siempre que la haga de menos con una guitarra estará bien porque también la siente, y a través de ella también ha conocido muchas cosas que yo le he podido aportar.

LP.- Lo han llamado el “Príncipe del Flamenco”. ¿Qué tan difícil fue alcanzar eso?

S.- No creo en ese tipo de cosas —dice sonriendo—. Me gustaría más ser príncipe por mi prestancia —ríe a carcajadas—. No, es una broma —aclara—. No creo mucho en esas cosas porque hay muchísimos guitarristas que merecen ser príncipes también, entonces seríamos demasiados príncipes en el mundo. Es simplemente tocar.

LP.- Cuando toca la guitarra expresa mucha pasión...

S.- Pues esa es parte de mi personalidad, me gusta mucho lo que hago, es como una forma de realizarse a sí mismo, como no tengo otra, siempre he estado tocando la guitarra desde niño y empecé a ganarme la vida con ella tan de niño también, pues lógicamente siento una gran pasión.

LP.- ¿Cuándo empezó a inclinarse por el flamenco?

S.- Inmediatamente cuando toqué. Pero también había una niña que tenía diez u 11 años, que bailaba flamenco, yo veía que la acompañaban dos guitarristas. Yo me enamoré de ella como loco y dije, voy a tocar flamenco, porque lo que quería era estar con ella. No es broma. Lo logré... no siendo mi novia siquiera... pero lloré mucho.

LP.- ¿Qué se puede esperar para el concierto de esta noche?

S.- Pues lo que siempre he recibido: cariño. Trato desde el principio de llegar hasta el fondo de mí mismo, pero hay veces que no puedes.

LP.- ¿Qué tal el público nicaragüense?

S.- Extraordinario. La primera vez que toqué, en la época sandinista, recuerdo que lo hice en el Gran Hotel derruido, y recuerdo que el público como tal puso altavoces fuera del sitio para que la gente desde la calle pudiera escuchar el concierto. Aún se me pone la carne de gallina. Porque había montones de gente escuchando el concierto de pie, con sus niños, fue muy bonito.  
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