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VIERNES 12 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22519 / ACTUALIZADA 1:30 am

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Relatos de un sobreviviente
Un "huésped" despiadado

Roberto Fonseca L.
roberto.fonseca@laprensa.com.ni

Se comportaban como adolescentes con las personalidades visitantes, sobre todo si eran mujeres. Dejaban a un lado la formalidad y la “agenda apretada” del día, para atenderlas, mimarlas y emprender la conquista sexual. Así revivían. Con la mexicana Daniela Romo no fue la excepción.

Desde que llegó al país, el 14 de diciembre de 1989 para participar en el Gastón 89, la cantante y actriz mexicana experimentó el acoso del poder. Era la principal estrella internacional del evento musical, que se celebraría en el local de “La Piñata”.

La noche de su arribo al país, se celebró una fiesta de recepción, a la que acudí en calidad de periodista. El local del “Lobo Jack” estaba abarrotado, repleto de artistas, periodistas y curiosos. Se hablaba a gritos y el humo envolvía todos los rincones.

En una zona reservada, se veía a la actriz y cantante mexicana. Lucía muy guapa, con la hermosa cabellera negra acariciándole más allá de la cintura. Llevaba puesto un sobrio vestido, cubierto con un hermoso y colorido chal. Rodeada de dirigentes, ministros, personalidades, sonreía, pero volvía a ver a todos lados, incómoda. Muy cerca de ella, su representante y manager, una mujer un poco mayor y menos atractiva. Hablaban en secreto a la menor oportunidad.

Al día siguiente, se vio obligada a cumplir una visita al Volcán Masaya, acompañando al candidato Daniel Ortega. Por la noche debutó en la primera noche del “Gastón 89”, ante unas 3,000 personas. La entrada general costaba 100,000 córdobas. Equivalía a un poco más de tres dólares, a la tasa oficial de cambio de 32,950 córdobas por un dólar.

Su debut mereció la primera plana de Barricada del día 16. La foto mostraba a Daniela Romo en el escenario, con un traje muy ceñido, de pies a cabeza, y calzando unas botas de vaquero. En esa misma portada, en el extremo superior derecho, se publicó la noticia de la muerte de otro “mexicano”, célebre por su salvajismo: José Gonzalo Rodríguez Gacha, segundo jefe del Cartel de Medellín.

Cinco años atrás, Rodríguez Gacha, conocido en Colombia como “El Mexicano”, “El Doctor” o “Don Andrés”, permaneció oculto en Nicaragua, junto a su socio Pablo Escobar Gaviria.

ENEMIGO NÚMERO UNO

La mañana del 15 de diciembre de 1989, como resultado de una operación relámpago, murió el capo de la droga junto a su hijo Fredy y seis escoltas, durante un intercambio de fuego. Meses atrás, él había prometido que así sería. “Si van a cogerme, será peleando”, dijo en una entrevista al periodista Hernando Corral.

Para el pueblo colombiano, recuerda María Jimena Duzán, autora del libro “Crónicas que matan”, la noticia de la muerte de Rodríguez Gacha fue un alivio, ya que se le consideraba “el enemigo número uno” de Colombia, pues había envuelto al país en una vorágine de violencia y criminalidad, con la ayuda de su ejército paramilitar, que había provocado más de 500 muertos en los últimos cuatro meses.

Rodríguez Gacha nació en Veraguas, un pueblo de Pacho, Colombia. Lustrador en su infancia, no pasó más allá de la primaria. Buscó fortuna en las minas de Muzo, al servicio del “Rey de las esmeraldas”, Gilberto Molina, quien controlaba el tráfico ilegal de piedras preciosas. Fue su maestro y socio, aunque años después lo mandó a liquidar.

En los setenta empezó su propio negocio de cultivo de marihuana, con la que hizo su fortuna inicial. Luego se trasladó al floreciente y lucrativo trasiego de cocaína, oculta en sacos de café y transportada vía aérea y terrestre. El fue “el cerebro” de aprovechar los furgones, a través de la ruta panamericana, hasta llegar a México. A mediados de los ochenta, cuando estuvo en Nicaragua, ya era el segundo jefe del poderoso y temible Cartel de Medellín. Su fortuna se calculaba en varias decenas de millones de dólares.

También tenía varias muertes a cuesta, así como causas pendientes por trasiego ilícito de cocaína a Estados Unidos. Una de ellas es la número 84-CR-493, abierta en julio de 1984 y a cargo del juez James Lawrence King, en la Florida. El caso se denomina USA v. Escobar-Gaviria. Hay un nicaragüense involucrado.

PLANES PARA MATAR A BUSH

Según fuentes de inteligencia, Rodríguez Gacha junto a otros capos colombianos, le puso precio a la cabeza del presidente norteamericano George Bush, padre del actual mandatario estadounidense. Se asegura que recolectaron 30 millones de dólares para que atentaran contra su vida y para que ejecutaran acciones terroristas en el propio suelo norteamericano.

Los trabajos fueron encomendados antes de la visita de Bush a Cartagena, donde celebraría con los presidentes de Colombia, Perú y Bolivia, una cumbre antidroga, el 15 de febrero de 1990. Bush mantuvo la fecha y lugar de la cita.

Dos meses antes, se aseguraron de emprender con éxito la cacería contra “El Mexicano”. Las autoridades colombianas aseguran que el operativo recayó en sus tropas élites, sin embargo, hay evidencias del involucramiento directo norteamericano.

Participaron tropas especiales, al menos un helicóptero del Comando Sur y expertos en comunicación de origen hispano, que procesaban la información electrónica que llegaba vía satélite. “Oficialmente decimos que los colombianos lo hicieron. Pero, la verdad es que fuimos nosotros”, asegura un reporte de inteligencia del Congreso norteamericano.

Tres días antes de la cita antidrogas, el 12 de febrero de 1990, la policía secreta colombiana encontró en una casa al sur de Bogotá, diez cohetes tierra-aire y aire-aire, de fabricación francesa, vendidos por Cuba al Cartel de Medellín. No pudieron usarlos.  
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