Los de tierra adentro
León Núñez leonn@ibw.com.ni
Me decía un destacado intelectual nicaragüense que no son pocas las personas “inteligentes” de Managua que tienen la creencia de que los de tierra adentro somos mentalmente lentos: algo así como si todos los de tierra adentro “fuéramos de Boaco”. Esta equivocada creencia se arraigó en la segunda mitad del siglo XIX, que fue cuando se acuñó la conocida frase “vos creés que soy de Boaco”.
La opinión de que quienes somos de tierra adentro “somos de Boaco” todavía persiste, a pesar de que son incontables las personas del “interior” del país que por su gran velocidad mental no tienen por qué envidiar a la gente más veloz de la zona del Pacífico de Nicaragua.
El tema de la velocidad, siempre relacionado con el “ser” y el “tiempo”, ha sido objeto históricamente de profundas reflexiones, principalmente en la época actual en que el calificativo de “veloz” se ha convertido en una especie de status distinguido. Por esta razón se habla con máxima admiración del hombre veloz: del hombre que es veloz en la política; del hombre veloz a los reales; del hombre veloz con las mujeres, etc. Debo reconocer que también existen velocidades que se definen en el campo de la filosofía, de la teología y de la mística, pero son velocidades que pertenecen más bien al mundo del espíritu.
Un ejemplo de extraordinaria velocidad política, sin parangón en nuestra historia, lo constituye el caso de un chontaleño de Cuapa —un hombre de tierra adentro— don Germán Álvarez, ahora don Marlon Castillo, quien además de “sortear” velozmente con éxito la prohibición de que el casado no puede volverse a casar sin haberse divorciado, se cambió de nombre y apellidos para convertirse a gran velocidad en un hombre nuevo; en un político veloz del Partido Liberal Constitucionalista.
Si con haber aprobado solamente segundo grado de primaria llegó a ser diputado, ¿en dónde estuviera don Marlon si hubiera aprobado cuarto o sexto grado de primaria o si hubiera conquistado un bachillerato in fieri por encuentro? Nuestra lógica criolla nos dice que si hubiera llegado a cuarto grado de primaria fuera ministro, si hubiera aprobado el sexto grado fuera el Presidente de la Asamblea Nacional y si hubiera obtenido un bachillerato in fieri por encuentro fuera el Presidente de la República.
¿Y qué le parece al señor lector el caso de don Saúl y don Alex Centeno Roque, auténticos hombres de tierra adentro? Yo desconozco si se trata o no se trata de “muchachos buenos y trabajadores”, pero de lo que sí estoy seguro es que se trata de unos señores que tienen una velocidad realmente sorprendente. Si con apenas haber cursado la primaria le dieron aleccionadoras demostraciones de velocidad a los “genios nicaragüenses de la economía, la contabilidad y la banca”, ¿en donde estuvieran don Saúl y don Alex si hubieran obtenido el diploma de bachiller? Don Saúl fuera el Director-Gerente del Fondo Monetario Internacional y don Alex o tuviera más dinero que Bill Gates o tuviera varios años de haber sucedido a Allan Greenspan en el Banco de la Reserva Federal de los Estados Unidos de América.
Yo quiero manifestar que escapa a mi imaginación lo que serían los Centeno Roque si hubieran estudiado en la Escuela de Negocios de Harvard. Sería interesante que este caso, demostrativo de una súper velocidad negociadora de nivel mundial, fuera estudiado en el Incae.
Pero siguiendo con nuestro tema y como ejemplo de personas de tierra adentro que con consumada maestría han sabido combinar impresionantes velocidades de diversa naturaleza, están mis paisanos Daniel y Humberto Ortega Saavedra. No hay duda de que son veloces; que de dundos no tienen nada. Sin embargo, entre paréntesis, deseo manifestar que en Nicaragua solamente existe una persona que los supera, que es más veloz que ellos, pero que no es de tierra adentro. Se trata del doctor Arnoldo Alemán, un hombre que ha sabido moverse hasta ahora no a velocidades terrenales sino a velocidades cósmicas, siderales.
Y para terminar no podemos olvidar a nuestro amado pastor, Su Eminencia el cardenal Miguel Obando y Bravo, cuya altísima velocidad me lleva a creer que si hubiera nacido blanco y europeo estuviera ocupando en Roma la silla de San Pedro.
Realmente yo no creo que exista en Nicaragua alguien que considere que Su Eminencia no es veloz, sólo por el hecho de ser chontaleño, de tierra adentro. Pero debo señalar, para evitar malas interpretaciones, que su velocidad es filosófica, teológica y mística, que es precisamente la trilogía en donde descansa su indiscutible liderazgo espiritual, liderazgo que deseamos que prosiga por muchos años más y que tenga al menos con este gobierno —que se lo merece— la misma velocidad “fraternal” que tuvo con el gobierno anterior.
Tal como expuse al principio de este artículo, son incontables las personas de tierra adentro que tienen el “don” de la velocidad. Sin embargo, para probar la equivocación de los que piensan lo contrario, tuve que poner como ejemplo a personas de tierra adentro, muy conocidas, pensando que los ejemplos expuestos podrían ayudar a superar tan desafortunada equivocación.
El autor es abogado y escritor, miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA 
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