¡Qué bueno que cayó Chávez!
Cuando el ahora ex gobernante de Venezuela, Hugo Chávez, estuvo en Nicaragua en el año 2000 para visitar a su buen amigo Arnoldo Alemán, y arremetió contra este Diario de los Nicaragüenses —pues su viciosa obsesión era atacar a la prensa libre de todas partes del mundo— le advertimos que más temprano que tarde su régimen oprobioso iba a desaparecer, mientras que LA PRENSA permanecería y prevalecería, también sobre él, como siempre ha prevalecido sobre los enemigos de la libertad, quienes quiera que sean.
Ahora el régimen de Chávez ya no existe, se derrumbó estrepitosamente, mientras que LA PRENSA está presente como siempre lo ha estado durante los últimos 76 años de la historia nacional e internacional, congratulándose con la caída del atrabiliario dictador que vino a amenazarnos en nuestro propio país. Y nos produce mucho gusto felicitar al pueblo venezolano que supo dar cuenta de ese gobierno indigno, así como deploramos que en los archivos históricos de Nicaragua quede una condecoración que le dio a Chávez el ex presidente Alemán “por su valiosa contribución a la democracia y la paz”, lo mismo que un documento oprobioso de solidaridad con Chávez que fue firmado por parlamentarios del PLC y el FSLN.
Chávez cayó del poder en la medianoche del jueves recién pasado, y ahora se encuentra en la cárcel de donde nunca debió salir desde que intentó un golpe militar a principios de 1992. El dictador se derrumbó forzado por un masivo movimiento de la población, que en el último momento fue respaldado por los mandos militares, quienes explicaron que su actuación no fue un golpe de Estado, sino una justa y necesaria solidaridad con la sociedad civil.
Ciertamente, el golpe de Estado es un pronunciamiento de camarillas militares o civiles que se organiza y perpetra a espaldas del pueblo, y por lo tanto contra los intereses populares, para derrocar a gobiernos generalmente democráticos y legítimos, y usurpar el poder. Pero lo que hicieron los militares en Venezuela, esta semana, fue respaldar las demandas democráticas del pueblo planteadas mediante manifestaciones masivas y una huelga general indefinida, y para impedir que se siguiera derramando sangre de venezolanos civiles, asesinados por los matones chavistas. De manera que los mandos militares venezolanos entregaron de inmediato el poder a personalidades civiles idóneas, las que convocarán a elecciones democráticas para que el país retome la senda de la democracia y el respeto a los derechos democráticos y las libertades individuales.
Son muchas las lecturas que se puede hacer y las lecciones que es posible sacar de los últimos acontecimientos políticos de Venezuela. Una muy importante es la de que el desenfreno de la corrupción gubernamental y la impunidad de los políticos tradicionales, fue lo que provocó la frustración del pueblo y lo motivó a ausentarse de las urnas electorales. Y lo que permitió que un demagogo irresponsable como Hugo Chávez subiera al poder con el 80 por ciento de los votos de sólo un cuarto del electorado nacional.
Por otro lado, una lección positiva es que la sociedad civil venezolana dejó a un lado a los líderes políticos tradicionales corruptos y culpables del entronizamiento de Chávez, y se lanzó a las calles a defender la libertad política y económica, a exigir el restablecimiento de la democracia, y ante todo a derrocar al régimen chavista.
Igualmente es importante tomar en cuenta que la población democrática venezolana ha podido contar en su lucha contra la arbitrariedad, la demagogia y la corrupción chavista, con el respaldo de la Iglesia Católica de Venezuela, que confraternizó con el pueblo en vez de buscar relaciones fraternales con los gobernantes.
No menos importante es el hecho de que el régimen dictatorial y demagógico de Hugo Chávez era pernicioso no sólo para Venezuela, donde pretendía arrancar de raíz las instituciones y las tradiciones democráticas, y suprimir la libertad de los venezolanos. Chávez también era un grave problema internacional, por sus irresponsables relaciones con Estados opresivos y violadores de Derechos Humanos, y por el respaldo que daba a los movimientos terroristas de diversas partes del mundo.
No cabe ninguna duda de que la caída de Hugo Chávez es lo mejor que le ha podido ocurrir al pueblo venezolano, y un acontecimiento extraordinariamente positivo para la comunidad democrática internacional. 
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