DOMINGO 25 DE ABRIL DEL 2004 / EDICION No. 23,430 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE





Postrado por supuesta negligencia médica

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. Un hombre pobre se encuentra a pasos de la muerte, luego que una presunta negligencia médica lo dejara paralizado. Los dolores que sentía en las rodillas y columna serían desaparecidos por una operación, sin embargo, parece que ésta lo sumergió más en un mundo de dolor y suplicio desde hace cinco años. Autoridades del Ministerio de Salud sostienen que hay indicios de cierta negligencia, pero los galenos alegan que el paciente llegó parapléjico

Don Ricardo López Lacayo lleva cinco años de estar postrado en una cama, producto de una supuesta operación deficiente.

 

Roberto Pérez Solís

Hasta inicios del año 1999 don Ricardo López Lacayo, con 64 años de edad, gozaba de una vida tranquila. De tez blanca, mediana estatura y contextura recia, este señor habitante del Barrio Fanor Jáenz, frente a la Cancha del Brigadista, en Matagalpa, parecía tener todo lo que se había propuesto en la vida.

Un matrimonio que le dejó seis hijos, varios nietos, unas cuantas manzanas de tierra en las afueras de la ciudad; más un taller de carpintería que le dejaba, aunque no muchos, regulares ingresos con los que podía mantener a su familia. Como ebanista sobresalía sobre muchos otros en la ciudad cafetalera.

Sin embargo, la aparición de unos fuertes dolores en la columna y las rodillas fue el presagio de la tragedia que marcaría por completo su vida y la de su familia. Era el mes de abril. Aquel hombre contento, trabajador, jodedor, había desaparecido. Los dolores martillaban con intensidad su existencia y lo harían para siempre.

Preocupados por la salud de don Ricardo y con la esperanza de encontrar una solución a sus problemas, sus hijos decidieron que lo evaluara un médico especialista.

El doctor Rafael Cruz Molina, quien atendía en Matagalpa, fue el primero en examinarlo. Para saber con más exactitud el origen de los dolores, el médico ordenó que le realizaran once placas de resonancia magnética.

Siguiendo lo indicado, según cuenta su hija Marcia López Mairena, éstas se hicieron el 28 de abril en un centro de imágenes en Managua. Días después el doctor ordenó que se hicieran nuevamente las resonancias porque, según él, habían salido mal las primeras, encontrando en las segundas la supuesta existencia de un tumor intramedular y una hernia discal.

No había otra cosa que hacer que intervenir quirúrgicamente a don Ricardo, les dijo el médico. Hasta ese momento todo parecía marchar por buen camino. La operación de la columna se realizó el 20 de mayo en el Hospital Escuela Oscar Danilo Rosales, de la ciudad de León. El doctor Cruz Molina fue acompañado en la operación por el doctor Ramiro Granera Padilla.

GRITOS DE ESPANTO

El calvario de la familia vino inmediatamente después de la operación. Al salir del quirófano, aún afectado por el efecto de la anestesia, unos gritos desgarradores, llenos de dolor, avisaban que don Ricardo no había salido en perfecto estado de la cirugía practicada.

“Los familiares pedimos en ese momento información porque mi padre al salir de la operación venía despierto y daba gritos de dolor, y decía que le habían hecho daño, pero los médicos dijeron que era normal”, expresó López Mairena.

Recuerda que ella comenzó a sospechar que algo malo había ocurrido con su padre cuando volvió a solicitar una explicación sobre la intervención a la que éste había sido sometido, pero ninguno de los médicos se la proporcionó.

Al segundo día de la cirugía —continúa relatando López—, uno de los doctores retiró las placas practicadas a su padre previo a la intervención quirúrgica.

INCAPACITADO

El 7 de junio don Ricardo fue dado de alta. Su estado de incapacidad era casi total. Apenas podía hablar y sus movimientos corporales eran mínimos. Su hija exigió que le entregaran las placas y resultados de exámenes que le habían realizado, pero no tuvo éxito.

“Las placas estaban perdidas, se desaparecieron del hospital. Le reclamé al doctor Granera y él dijo que el otro médico (Cruz Molina) las tenía”, dijo la señora.

La situación de incapacidad de su padre motivó a López a llevarlo donde el neurólogo Amín Hassan, quien le recomendó hacer una nueva tomografía en el Hospital Bautista. Este examen concluyó que existía lesión extradural y una hernia discal encajonada y que no había rastros de un tumor intramedular.

FAMILIARES ASEGURAN QUE HUBO NEGLIGENCIA

Por este motivo, los hijos de López Lacayo consideran que por culpa de la operación, su padre se encuentra postrado en una cama dependiendo de la ayuda de toda la familia. Dicen que en vez de ayudarlo a que viviera más tiempo, los médicos hicieron todo lo contrario.

“Eso fue algo horrible, la familia se desmoronó, hemos movido cielo y tierra para que él esté mantenido, al comienzo hablaba pero ya no, el tratamiento es caro y las tierras que teníamos se vendieron, lo tengo sólo con líquidos, sus piernas y el pecho están secos, ya son cinco años de estar así”, cuenta entre sollozos su hija.

“Se decía que tenía un tumor intramedular, pero cuando le hacen la otra resonancia no sale ninguna masa quemada, quiere decir que no había ningún tumor”, agrega como para no dejar dudas de que hubo negligencia médica.

OTRA TRAGEDIA

Pero la tragedia de don Ricardo no paró ahí. Luego de la operación le dejaron una sonda puesta la que regularmente era limpiada por los doctores.

Pero el 28 de agosto del 2000 una doctora de Matagalpa —relata la hija de don Ricardo—, al momento de cambiarle la sonda reventó la uretra de su padre, causándole una hemorragia interna que ameritó una nueva operación en el hospital de la ciudad.

Al momento de la intervención quirúrgica los doctores comprobaron que la uretra estaba destruida por el mal uso en el cambio de sondas. Meses después, un derrame cerebral contribuyó para que las condiciones de salud de don Ricardo López Lacayo prácticamente lo tengan hasta ahora entre la vida y la muerte.

El 29 de enero del 2000, doña Marcia López Mairena solicitó al director de Auditoría del Ministerio de Salud (Minsa), doctor Alfonso Porta Sánchez, analizar el caso de su padre. Sin embargo, los doctores, asegura ella, buscaron siempre cómo proteger a sus colegas.
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