Las armas no matan, son arte en Camboya
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Después del combate, quedan para el arte |
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Calaveras de las víctimas del régimen de Khmer Rouge en el que se cree fueron asesinadas casi dos millones de personas, entre 1975 y 1979.
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AP
PHNOM PENH, Camboya.- Vuelan las chispas y chirrían las sierras metálicas en este taller donde se ven armas herrumbradas desperdigadas por el piso.
Jóvenes escultores cortan y moldean los averiados fusiles AK-47 y M-16 para crear caballos de tamaño natural, aves, un elefante, cangrejos y hasta una bicicleta funcional: obras de arte que han elaborado con los remanentes de treinta años de conflicto.
En el taller del Proyecto de Arte de Camboya, 23 estudiantes de arte a nivel universitario aprenden cómo transformar esos objetos de violencia en mensajes de paz en este país no hace mucho desgarrado por la guerra.
“Ayudar a promover una sociedad libre de armas es uno de los principales objetivos, como también tratar de inculcar en la mentalidad camboyana que las armas no son la solución para todo. Y éste es el camino”, dijo Sasha Constable, una artista británica que dirige el proyecto.
En Camboya los civiles poseen entre medio y un millón de pistolas y fusiles militares, hecho que contribuye al temor del público, según un informe difundido hace poco por Amnistía Internacional y Oxfam.
TRES DÉCADAS DE GUERRA CIVIL
Muchas de las armas son vestigios de la guerra de Vietnam y de tres décadas de guerra civil, que también dejaron bombas y minas terrestres sin estallar. A mediados de los años setenta, los camboyanos padecieron bajo el yugo del régimen comunista agrario del Khmer Rojo, uno de los más brutales en los tiempos modernos.
Desde que el Gobierno empezó a recoger armas de los camboyanos en 1999, ha destruido unas 120,000.
Los escultores obtuvieron del Gobierno unas 900 armas semidestruidas y un grupo británico de desactivación de minas también les entregó armas y casquillos vacíos de municiones.
La tarea de los estudiantes no es fácil. Algunos dicen que las armas son de metal duro difícil de forjar o de esculpir mediante soldaduras, o de cortar en la forma deseada.
Trabajan con las armas herrumbradas, a veces descascarándolas para usar los gatillos —en un caso como frenos de bicicleta— o utilizando los caños para piezas de esculturas como patas de animales.
NO SÓLO LA HUMANIDAD TAMBIéN LOS ANIMALES
Pronto aprenderán cómo usar las armas para fabricar muebles. “Aunque las armas no han perdido su significación... se han convertido en material para fabricar un objeto hermoso”, dijo Constable, una descendiente de John Constable, el gran paisajista inglés del siglo XIX.
Para algunos estudiantes las armas deben mantener su significación.
Una de las esculturas de Toun Thorneakea representa a una mujer a quien le falta una pierna —debido a la guerra— que sostiene a una niña con un arma en bandolera para significar la carga de las armas.
“Cuando era joven odiaba las armas porque experimenté la muerte de mucha gente en hechos de violencia y especialmente la guerra”, dijo el joven de 24 años. “Por esto quise convertir todas las armas en este taller en esculturas para contribuir a la toma de conciencia de la paz”.
Una mantis religiosa de Sophon Samkhan, una obra compuesta con unas 50 armas que se alza 2 metros y tiene más de 2 metros de largo, muestra al enorme insecto quebrando un fusil por la mitad.
“Antes yo me proponía crear una escultura de un hombre quebrando el fusil. Pero después se me ocurrió que no solamente la gente se opone a la guerra... también los animales”, explicó.
NICARAGUA EN LA LISTA
No es el primer proyecto de su tipo. Hay artistas que han elaborado esculturas con armas en El Salvador, Nicaragua y Mozambique, y dos artistas canadienses crearon una escultura con más de 7,000 armas y municiones donadas por policías y ejércitos de varios países.
El proyecto camboyano, que comenzó en noviembre, ha recibido fondos por unos 55,000 dólares del programa de colección de armas de la Unión Europea, las actrices Angelina Jolie y Emma Thompson, y la Universidad Griffith de Australia.
Constable trajo técnicos ingenieros locales, además del escultor británico Joe Rush y el forjador estadounidense Mark Solomon para enseñar a los estudiantes soldadura, manipulación del metal, cómo usar la fragua y varias herramientas como el taladro.
“Básicamente empezaron desde cero sin ninguna experiencia, y por eso es tan notable”, comentó Constable. “Es increíble lo rápido que adquirieron las técnicas y lo complejo de sus estructuras”.
El grupo ha montado dos exhibiciones en Phnom Penh y planea otra en la Universidad Griffith.
David de Beer, director del programa de armas de la UE, dijo que ha mostrado las esculturas a algunos camboyanos que se han quedado asombrados.
“Súbitamente han advertido que las armas, que habían sido un símbolo de muerte, destrucción y violencia, han pasado a formar parte integral del arte”, afirmó.

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