Cuando la disciplina se vuelve tortura
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La violencia que ejercen los padres en contra de sus hijos ha dejado consecuencias fatales para los menores; dos niños muertos y otro con lesiones en el cráneo son los hechos más recientes |
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Personal del Instituto de Medicina Legal exhuman el cadáver del niño Justin Ramos, para realizarle un nuevo examen forense que determinará las causas de su muerte.
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Luis Alemán Saballos
“Carlos”, de apenas seis años, dice extrañar mucho a su mamá. La necesita y tras siete días de no verla pregunta constantemente por ella. En su mente aparentemente no hay rencor, pero sí el temor de un nuevo castigo.
Una salvaje golpiza que le propinó su mamá María Eugenia Lara Obregón lo mandó al hospital. Seis puntadas se requirieron para suturar una herida provocada por el golpe de una silla de plástico lanzada en su contra por su propia madre.
Y aunque la herida está sanando, aún está en duda el estado emocional del niño. Su propia madre lo maltrataba con tanta furia que cada vez que “Carlos” recuerda la golpiza su pequeño cuerpo se estremece.
El salvaje castigo que recibió fue la gota que derramó el vaso y reveló la violencia que contra él ejercía su madre.
Fue tanta la fuerza ejercida en contra del menor que la pata de una silla plástica se rompió al impactar contra su cabeza. Estaba irreconocible, su rostro lleno de sangre y golpes por doquier.
El personal de emergencias del Hospital Fernando Vélez Paiz quedó atónito y cuando se supo que la responsable del hecho era la propia madre del niño, el estupor fue mayor.
La silla de plástico está en manos de la Comisaría de la Mujer y será utilizada como una prueba del cruel castigo ejercido en contra del menor. También en poder de la Policía está un alambre con el cual la madre llena de ira le infligía fuertes castigos a “Carlos”.
LA QUEJA
Todo comenzó con una queja. Las que fueron como un detonante que hacía explotar en la madre una cólera que la llevaba a cometer tan brutal acción.
Brenda Alicia González Obregón, prima del pequeño, recuerda que su tía se molestaba mucho cada vez que alguien le ponía quejas sobre el mal comportamiento de “Carlos”.
“No entiendo lo que ocurría con ella, se molestaba mucho, al extremo”, asegura, mientras recuerda el castigo que sufrió el pequeño y que lo mandó al hospital.
La tarde del jueves 5 de agosto recién pasado será difícil que “Carlos” la olvide. Nunca se imaginó que una simple queja por su comportamiento en el colegio desataría tan brutal reprendida.
“Carlos” siempre esperaba a su madre con mucho entusiasmo y esa tarde no era la excepción. Estaba lejos de pensar que sería una tarde fatal.
La llegada de su mamá no fue lo que él esperaba, no más entrar a la casa y la violencia llenó aquella vivienda cuyas paredes impidieron al pequeño “Carlos” escapar de la intimidación materna.
“Maldito, me tenés aburrida, sos un desgraciado, mejor te hubieras muerto”, gritaba casi en el desenfreno aquella mujer que no sólo insultaba, sino también golpeaba con sus puños a su hijo.
Lara Obregón tomaba al niño y lo tiraba contra el ropero mientras le gritaba: “Te odio maldito”. Luego lo recogía del suelo y lo lanzaba gritándole más insultos, al tiempo que su cuerpo impactaba contra la pared.
Visiblemente descontrolada, Lara Obregón perdió el juicio y agarró a su hijo como si fuera un enemigo. “Carlos” sólo lloraba, quizás más por el desconcierto ante la actitud de su madre que por los golpes que recibía.
“El pobrecito estaba solo en la casa, no había nadie que lo defendiera en ese momento”, relató su prima, quien no se explica qué pudo pasar por la mente de su tía como para castigar al niño con tanta brutalidad.
LA SILLA
Cansada de propinar tantos golpes a su pequeño hijo, Lara Obregón tomó una silla de plástico y sin mediar las consecuencias la lanzó contra éste.
La silla impactó en la cabeza de “Carlos” y le abrió una herida de varios centímetros de donde sangró profusamente. Una punta de las patas de la silla se quebró del golpe haciendo estremecer al niño que desconcertado no entendía tanta furia de su madre.
Ocho días después, “Carlos” no entiende la ausencia de su madre. Está preocupado porque tiene varios días de no verla y quiere que regrese con él. La necesita.
El estado del niño y su deseo de ver a su madre han hecho cambiar de parecer a la familia, que en un inicio estaba de acuerdo en que la mujer fuera procesada por el salvaje castigo.
“Usted sabe, ella es su mamá y él la necesita”, aseguró su prima Brenda González Obregón.
Sin embargo, por ahora el pequeño tendrá que esperar puesto que su mamá aún permanece en las celdas del Distrito Tres de Policía, donde se realizan las investigaciones para fundamentar una acusación por el delito de lesiones que se ventilará en un juzgado capitalino.
Pero la actitud violenta de María Eugenia Lara Obregón tiene antecedentes, al parecer los problemas económicos, su soledad, el poco apoyo familiar y el temor que su hijo tome malos caminos, la llevan a descargar sin compasión alguna toda la ira contra su hijo.
GOLPES DE MUERTE
Pero si “Carlos” logró sobrevivir, Justin José Ramos Mejía, de tan sólo cuatro meses de nacido, no tuvo la misma suerte. Después de ocho días de fallecido, su cuerpecito ahora es el centro de una investigación que determinará si sus padres son o no responsables de su muerte.
María Eugenia Lara Obregón está detenida en el Distrito Tres de Policía. Calixto Ramos Parodi y Blanca Azucena Mejía Urbina, padres de Justin José, también están tras las rejas, pero en la Policía de Granada.
El niño Justin José murió aparentemente de un golpe que recibió en el tórax. Un dictamen del médico forense del departamento de Granada señaló que la muerte se debió a un traumatismo toráxico, pero no determinó cómo ni con qué se provocó la lesión que lo llevó a la muerte.
Esto fue suficiente para que el Ministerio Público cambiara la tipificación del delito de parricidio por el de homicidio culposo. Esto resulta inexplicable para la jefa de la Comisaría de la Mujer, capitana María Lidia Hernández, para quien existen suficientes fundamentos para que los padres del menor de cuatro meses, sean acusados por parricidio.
DÍA DE LA TRAGEDIA
La mañana del pasado martes 3 de agosto parecía ser igual que siempre. Blanca Azucena salió temprano a su trabajo como doméstica. Cuando ella salía a trabajar, Calixto, su compañero de vida, regresaba a casa para descansar después de trabajar como matarife en el rastro del municipio.
En el pequeño cuarto que servía de hogar para Blanca, Calixto y Justin, su hijo menor, en el barrio Bartolomé No. Uno, no había mucho espacio para albergar al resto de hijos de Blanca, casi todos de distintos padres, por lo que éstos vivían en la casa de su abuela materna y donde unos familiares en el sector de Malacatoya.
Néstor, de 13 años, era el único de los hijos de Blanca que le ayudaba en el cuido del pequeño Justin y como era costumbre todos los días mientras su madre trabajaba, el pequeño bañaba a Justin y le daba de comer hasta dejarlo nuevamente dormido.
Esa mañana todo fue igual. Calixto después de que llegó de trabajar tomó varias copas de licor y en estado de ebriedad aparentemente se acostó al lado de su tierno hijo.
Cuando Blanca regresó por la tarde, descubrió que su pequeño Justin ya no respiraba, estaba muerto.
La Policía Nacional a través de la Comisaría de la Mujer señala en sus investigaciones que Calixto Ramos le dio un puntapiés en uno de sus costados a Justin, lesionándole el bazo lo que le causó la muerte.
Esa afirmación la fundamenta la declaración de Néstor quien afirma que el día anterior, Calixto le pegó “una patada a su hermanito porque estaba llorando”.
Ambos casos tienen un factor común denominador, la violencia que los padres ejercen sobre los hijos. Violencia que en el peor de los casos provoca la muerte y en otros deja una secuela difícil de superar.
OTRO CASO INVESTIGADO
La muerte de un recién nacido en la ciudad de Masaya también se suma a los hechos de violencia contra los infantes. El menor murió en el Hospital La Mascota, después de cinco días de permanecer en estado de coma.
El niño sufría un trauma severo de cráneo, lo que hace suponer a las autoridades policiales y del Ministerio de la Familia de Masaya que la lesión pudo ser provocada ya sea de forma accidental o que haya existido mano criminal.
El pequeño quedaba en manos de una niñera, mientras la madre salía al trabajo en una Zona Franca. Hasta ahora no se ha logrado determinar si fue un accidente involuntario o se trata de un caso de maltrato provocado dentro de la familia.
Según funcionarias del Ministerio de la Familia, Ericka Díaz, madre del bebé fallecido, tiene antecedentes clínicos, lo mismo que la persona que cuidaba al bebé.
En este caso, como el ocurrido en Granada, la Procuraduría Especial de la Niñez y la Adolescencia pidió una investigación exhaustiva para determinar responsabilidad de los padres.
EL HOGAR, PRINCIPAL FOCO DE INSEGURIDAD
Para el Procurador Especial de la Niñez y la Adolescencia, Carlos Emilio López, resulta preocupante que el principal foco de violencia e inseguridad para la niñez sea el núcleo familiar. Los estudios sobre la violencia intrafamiliar revelan que los padres, tíos, abuelos y personas más cercanas al niño o niña, son los principales agresores.
"Los agresores son los miembros de la familia quienes generan o cometen maltrato físico, psicológico y sexual", afirmó López. Otro de los espacios de inseguridad para los niños y niñas es la escuela y luego la comunidad, expresa el Procurador.Resulta contradictorio, según López, que los lugares donde deberían ser espacios de socialización de los niños y desde el punto de vista de Derechos Humanos, espacios de protección, hoy en día sean los principales lugares de inseguridad.
Otro elemento que preocupa a la Procuraduría Especial de la Niñez y la Adolescencia, "es que los padres y familiares más cercanos a los niños y niñas, utilizan a los pequeños como una fuente de desahogo de sus angustias, insatisfacciones y frustraciones".
"En el país hay una situación de crisis en todos los niveles, en lo social, económico, político, falta de valores espirituales y desesperanza; y los padres descargan todo eso contra los niños y niñas", asegura López.
Según el Procurador, en los últimos años la violencia contra los niños, niñas y adolescentes se ha incrementado peligrosamente al grado que se puede calificar como una pandemia social.
"Pareciera que se está convirtiendo en pandemia social que afecta a la niñez y que se refleja en agresiones físicas, psicológicas, abusos sexuales y también delitos contra la vida de los niños, tipificados claramente como ilícitos en el Código Penal.
En tal sentido, el Procurador Especial de la Niñez y la Adolescencia considera necesario que la Policía Nacional recoja todos los elementos de prueba necesarios para que el Ministerio Público pueda acusar a los responsables de la violencia, independientemente de que los imputados sean los padres."Sea quién sea que ha cometido delito contra un niño debe ser procesado y condenado", asegura López.
CIFRAS DOLOROSAS
Los padres y familiares más cercanos son los principales agresores de los niños y niñas. Durante el primer semestre del año, la Procuraduría Especial de la Niñez y la Adolescencia recepcionó 1,390 denuncias de violencia contra menores de edad, de ellas, 560 son violaciones de derechos humanos cometidos en la familia, en la escuela y en la comunidad.

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