Hicieron el muerto, pero ahora se asustan
Hortensia Rivas Zeledón
Antes del 19 de julio de 1979 la economía de Nicaragua era bastante buena e iba creciendo. El córdoba tenía valor adquisitivo. El Estado era pequeñito pero eficiente.
Sin embargo el régimen liberal de los Somoza era dictatorial y dinástico y los nicaragüenses anhelaban vivir bajo un sistema democrático. Muchos demócratas auténticos, como Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, lucharon porque hubiera un régimen de derecho, de respeto a las libertades y posibilidad de elegir a los gobernantes. Lamentablemente el resultado de esa lucha fue aprovechado por una camarilla de individuos codiciosos a las que no le interesaba que el país se democratizara, sino adueñarse del poder para imponer un régimen totalitario marxista-leninista, y salir ellos de pobres.
Antes del sandinismo la educación estatal era de buena calidad y los maestros de primaria ganaban el equivalente de ciento veinte dólares, más los años de servicio. Y los profesores de educación secundaria ganaban el equivalente de quinientos dólares, más años de servicio.
Apenas los comandantes asaltaron el poder comenzó el desastre en todo el quehacer nacional. En Educación, por orden de los nueve comandantes en el mes de septiembre de 1979 el MED suprimió las efemérides patrias y las sustituyó con la Jornada Heroica de Pancasán, que se celebró en todos los centros educativos y en todas las instancias de esa institución; luego vino la Cruzada Nacional de Alfabetización y obligaron a los maestros de todo el país a integrarse a ese proyecto político, y a los estudiantes que iban reprobados y se integraron a la alfabetización, les regalaron el aprobado hasta en cuatro materias. Ahora se sufren las consecuencias de aquel desatino.
A la organización político-gremial ANDEN le correspondió la tarea “revolucionaria” de seleccionar a los directores de los centros educativos, levantar el listado de maestros desafectos al régimen, acosarlos y perseguirlos para que abandonaran el cargo (y a algunos los hicieron prisioneros). Como brazo gremial del partido dentro del magisterio también le correspondió —a Anden— obligar a los maestros a cortar café y algodón, a incorporarse a las BIR (Brigadas de Infantería de Reserva), a trabajar sábado y domingo “rojinegros”, a emplantillar a sus alumnos para el SMP (Servicio Militar Patriótico), a participar en las marchas de apoyo a la revolución, a sabotear la misa de Su Santidad Juan Pablo II (3 de marzo del 83), a agredir a la CPDH y a cumplir todas las tareas que la cúpula demandara, y además a brincar, porque el que no brincaba era contra. El maestro que no se sometió fue acusado de contrarrevolucionario y despedido.
La economía nacional fue destruida por todos los desaciertos de la política socialista, estatista y errática. El desastre fue tan grande que los salarios cayeron en picada y un maestro de primaria llegó a devengar el equivalente de diez dólares al mes y el de secundaria el equivalente de doce dólares, lo cual no alcanzaba ni para las cebollas. Ante tanto maltrato y miseria muchos maestros optaron por irse al exilio a trabajar en lo que fuera. La respuesta revolucionaria fue sustituirlos con miembros de las organizaciones de masas que no tenían ninguna preparación y muchos eran recién alfabetizados. Eso sucedió cuando el doctor Carlos Tünnermann era Ministro de Educación.
En mayo de 1989 los profesores de educación media hicimos una huelga por aumento de salario, pero el Ministro de entonces, padre Fernando Cardenal, dijo que éramos muchos y además improductivos, que la única solución era que los obreros trabajaran un domingo rojinegro para distribuir el producto entre los maestros, y que la fábrica Delmor nos vendiera los desperdicios de los embutidos para que pudiéramos comer (como que si éramos cerdos y pordioseros). Ése fue el trato que el sandinismo dio al magisterio, pero ahora se rasgan las vestiduras y sin ningún pudor reclaman por el salario y la dignidad de los docentes los mismos que destruyeron el país y que son responsables de todo el retroceso, la miseria y la desesperanza, porque fueron parte del gobierno de la noche oscura de los años ochenta, y con gran cachaza acusan al gobierno actual del desastre que ellos causaron.
¡Qué barbaridad! Hicieron el muerto y ahora se asustan de él.
La autora es profesora de Educación Media.

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