LUNES 12 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23508 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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Envidia

Myrna Dávila Castellón

A ciertos seres les provoca envidia el que otros tengan un corazón más generoso que el de ellos. Están desprovistos de todo sentimiento noble y altruista hacia los demás, se sienten incapaces de “dar sal para un jocote”, se ensañan contra la gente que los ama y favorece.

Otra característica negativa que tienen es que se hacen “de la vista ciega” para no aceptar las cualidades de sus bienhechores, cualidades que precisamente redundan en favor de ellos, volcando en atenciones toda la generosidad que anida en su corazón, pero a la hora de hacerles daño no recuerdan para nada los favores que reciben.

De modo general las personas negativas actúan así porque no poseen el tesoro de la fe cristiana que les llevaría a actuar bien, careciendo de este estímulo capaz de detenerlos en su afán de lastimar a sus benefactores, se dejan llevar de sus instintos puramente humanos.

Jesús nos invita a ser agradecidos mediante aquel pasaje en el que, después de curar a diez leprosos y solamente uno le dio las gracias, le dijo: “¿Cómo? ¿sólo uno se ha dignado dar gracias a Dios? ¿dónde están los otros nueve?”. Hay que ser agradecidos con Dios y con nuestros semejantes, puestos por Dios para favorecernos, y verificar en nuestro interior un verdadero examen para ver claramente si somos de los que hacemos víctimas de nuestra injusticia a personas que nos benefician en cualquier aspecto y que, lejos de morderlos, deberíamos besarles las manos y pagarle sin males, al menos, sus favores.

Secretaria Ejecutiva
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