LUNES 12 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23508 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Educación técnica y el Inatec

Tienen razón los empresarios privados, al reclamar que los recursos que aportan para el Inatec se les deben revertir satisfactoriamente en la preparación de sus recursos laborales, pues para eso precisamente es que ellos contribuyen mensualmente con el 2 por ciento de las planillas.

“Tal como están ahora las cosas el dos por ciento que el sector privado tiene que entregar al Inatec lo vemos como un impuesto, pues debería ser retribuido en su totalidad en la capacitación de los empleados para satisfacer las necesidades de la misma empresa”, declaró el presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), Alfredo Cuadra, (LA PRENSA, Suplemento Economía & Negocios, 8 de julio, 2004).

En realidad, del total de los recursos que aporta el sector privado al Inatec -entre 13 y 14 millones de córdobas mensuales- sólo un 29 por ciento se le devuelve en capacitación de sus trabajadores. Esto según el Inatec, porque de acuerdo con los empresarios el 75 por ciento de los recursos se va en gastos administrativos.

Como sea, el hecho es que el Inatec usa la mayor parte de los fondos que le proporciona la empresa privada para atender áreas de educación que le corresponden al Estado. De manera que tienen razón los empresarios privados al decir que el 2 por ciento que cotizan para Inatec es más bien un impuesto encubierto, adicional a los altos tributos que pagan regularmente al fisco de este país en el que existe la más alta carga impositiva de Centroamérica, y donde menos se estimula y más se desincentiva el ambiente de negocios.

Ahora se habla de anexar el Inatec al Ministerio de Educación, o de redefinir sus ámbitos de competencia. Pero los empresarios insisten con toda razón y derecho en que dicha institución debe concentrarse en la capacitación de sus recursos laborales, y que el Estado asuma directamente la atención de la educación media técnica propiamente dicha. Esta propuesta del sector privado debe ser atendida porque es la más viable y justa al mismo tiempo. En realidad, nunca se pudo ver claro cuáles eran las ventajas de hacer desaparecer el Sistema Nacional de Capacitación (Sinacap), que estaba bajo la jurisdicción del Ministerio del Trabajo porque su objetivo era precisamente capacitar la fuerza laboral del país. Más bien, la supresión del Sinacap y la creación del Inatec se vio como una maniobra de los gobernantes de turno para tener más cargos importantes o prebendas apetitosas que repartir entre sus allegados, y no como una reforma institucional para mejorar el sistema de capacitación de los recursos laborales de la nación. Y en el mejor de los casos, lo que se ha podido apreciar es que no hay una continuidad estratégica en las políticas públicas, pues lo que hace un gobierno viene el siguiente a deshacerlo. Y mientras tanto el país permanece estancado o evoluciona con una lentitud exasperante y poco provechosa para la ciudadanía.

La verdad es que de la educación se habla mucho y se hacen grandiosos planes, pero en la práctica es muy poco lo que se transforma y avanza. Sin embargo es indispensable cambiar ese patrón de conducta porque, como hemos dicho en otras ocasiones, la globalización viene a ser la única oportunidad que tiene Nicaragua para poder superar sus lastres socio-económicos y culturales y salir por fin del atraso y la pobreza.

Ahora bien, para aprovechar la oportunidad de la globalización se requiere cambiar radicalmente la mentalidad, la actitud personal y la conducta social. O sea que hay que enseñarle a la gente a tener una visión realista de la actualidad pero positiva del futuro, a asumir sus deberes laborales con responsabilidad y sentido de eficiencia, a ser puntual y disciplinada, a respetar la ley y cumplir los contratos, a abrir las mentes al cambio, la innovación y la modernización.

Para eso se necesita ofrecer una buena educación: básica, media, técnica y profesional. Y para que haya una buena educación hay que invertir y gastar los recursos en lo que corresponde, de manera racional, y que cada institución atienda lo que le compete.

Por ejemplo, el Inatec debe dedicarse exclusivamente a lo que le corresponde hacer: preparar los recursos laborales para el sector privado que es el único que crea riqueza y que puede sacar al país del atraso y la pobreza.
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