LUNES 12 DE JULIO DEL 2004 / EDICION No. 23508 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE



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Entrevista - Pedro Ramos, ex lanzador de Grandes Ligas
“No es cierto que Somoza me expulsó del país”

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. En línea directa hacia los 70 años, Pedro Ramos aún se muestra vigoroso y asegura estar listo para dirigir al Bóer en la próxima Liga Profesional de beisbol. Ramos es un cubano que jugó 15 temporadas en las Grandes Ligas, que manejó negocios relacionados con el tabaco y maravilló muchos corazones con la estampa de buen galán durante su juventud

 

Edgard Rodríguez C.

Pedro Ramos recuerda nítidamente el asombro que le provocó conocer La Habana en el año 1952. Quizá no estaba tan deslumbrado como Aureliano Buendía ante el hielo, pero en relación al vallecito de San Luis, Pinar del Río, la capital cubana “era un monstruo”.

Invitado por Eduardo García, un amigo de su familia que le había visto jugar pelota en el campo, Ramos echó una camisa dominguera y un pantalón, sus únicas pertenencias, dentro de una bolsa y emprendió la aventura hacia la ciudad.

“Mis padres me apoyaron para que me hiciera jugador una vez que se dieron cuenta que no me gustaba ir a las clases. Así que me enviaron con Eduardo a La Habana y fuimos a todos los equipos, pero ninguno me dio una oportunidad”, recuerda Pedro.

No desistiría en su afán de jugar, pero por el momento, la finca El Corojo, donde su padre Ramón Ramos era el mandador, esperaba por él. Sin embargo en 1953 tras ser observado por Joe Cambria, fue firmado para una Liga Independiente en EE.UU.

“Como guajiro me asustaba de todo. Imagina que salí de San Luis, a La Habana y luego a Miami. De ahí me montaron en un bus que se tomó cuatro días en llegar al destino. Yo pensaba que había llegado a Texas. Al final supe que estaba en Tennessee”, dice.

Ahora Pedro no es aquel joven que se asustaba por todo. Está en Estelí y sabe que está ahí. En su vida hay un destacado historial como pitcher de las Grandes Ligas, diversas experiencias en la faceta de entrenador y hasta muchos rumores sobre su pasado.

A Pedro lo han nombrado manager del Bóer para la próxima temporada profesional, en una nueva experiencia en el beisbol pinolero. Antes adiestró al pitcheo de la Selección en 1972, cuando incluso, se asegura que Anastasio Somoza lo expulsó de Nicaragua.

“Eso es falso”, señala con vehemencia. “Somoza nunca me expulsó del país”, agrega mientras se endereza en el sofá, como para dar más contundencia a sus palabras.

NADA CON LA DINORAH

Eso es lo que se ha dicho siempre, Pedro. Incluso se te atribuye una aventura con Dinorah Sampson, la amante del general Somoza Debayle.

Nada de eso es cierto y te diré la verdad de lo que pasó. En una ocasión, la Dinorah, que aún es mi amiga, me invitó a una barbacoa y en un momento cuando yo me sentía bien tomado, le pedí que me mandara a dejar. Ella se negó y yo me ofusqué y le dije que a mí no me iba a manejar como a todos los hombres que estaban ahí, y ella se alteró.



¿Qué pasó después?

Bueno, un teniente que me conocía me fue a dejar a mi hotel y al día siguiente, Carlos García y Tony Castaño me aconsejaron que mejor me fuera, y como yo tenía un negocio de tabaco en Miami, y temiendo que alguien por quedar bien con ella (Dinorah) me fuera a matar, mejor me fui. Pero de Somoza nunca supe nada. Lo demás es mentira.



¿Pero vos tuviste una relación con la señora Sampson?

Si te refieres a relación sexual, no. Relación de amistad, sí.



Pero ponerte a pelear con ella en aquel momento era un riesgo, ¿no?

Claro, pero tú sabes, uno tomado no mide consecuencias. Pero después de hablar con Castaño y Carlos, reflexioné y pensé que tenía que irme. Así que le envié algunas cosas (fotos y discos) que le tenía a ella con un militar, y me fui.



Te has metido a tus dificultades, ¿verdad?

No es tanto como se dice. Por ejemplo, aquí se ha dicho que soy conflictivo. Incluso a Eduardo Urcuyo le dijeron que soy problemático. Lo que pasa es que a mí, si me decís que me pagás el primero, no tenés que pagarme el diez, o el quince. Me gusta que se me cumpla y como yo reclamo porque tengo otras opciones, entonces, se molestan.



Con Carlos García y con Heberto, también te complicaste.

No. A Carlos le reclamé porque en Miami me contrató como entrenador general y aquí me salió con otra cosa. Además, no fue puntual en el pago de mi salario. Lo que pasa es que a Carlos, los entrenadores nacionales no le reclaman porque los quita, pero a mí me valía que me quitara porque yo tengo otros ingresos. Entonces, no me dejé manosear.



¿Y con Heberto?

Bueno, Carlos trae a Wilfredo Calviño como entrenador general y me manda a trabajar con los lanzadores a mí. Pero Calviño y Heberto se aliaron para boicotear lo que yo hacía en las prácticas. Y yo trataba de acomodarme, pero el colmo es que un día le digo a Heberto, ¿a dónde quieres que me vaya durante el juego, al banco como en Grandes Ligas, o al bullpen? Y sabes qué me respondió: por mí, andate a la verga. Entonces, me entiendes, no se puede trabajar así.

INFANCIA MUY POBRE

¿Qué es lo que más recordás de tu infancia?

La pobreza en que viví. No usaba zapatos y mis pantalones eran los que mi papá iba dejando. Mi mamá me los cortaba y me los reparaba para ir a trabajar al campo. Yo trabajé duro en el tabaco y mi juguete era el beisbol”.



¿No estudiaste?

Cómo no. Llegué a séptimo grado, pero me escapaba de la escuela para ir a jugar pelota y una vez que mi papá vio que lo mío era el beisbol, me apoyó. Por eso es que te decía que Eduardo García, un amigo de nosotros, me llevó a La Habana y ningún equipo me quiso. Todos decían que era muy joven. Tenía 16 años y aquel era beisbol profesional.



¿Cuándo te firma Joe Cambria y a dónde vas?

Eso fue en 1953. Me enviaron al equipo Morristown, que era Clase C, en aquella época. No me fue bien al inicio, pero yo sabía que lanzaba fuerte y ahí me mantuvieron. Para 1955, me canjearon al Charlotte, que era afiliado de los Senadores de Washington y me invitaron al spring training. Habíamos 55 jugadores y yo quedé entre los 25 del roster.



¿En Cuba no habías jugado hasta ese momento?

No. Por eso es que al volver a Cuba y hacer un buen trabajo con el Cienfuegos, todos se preguntaban: “¿Y este guajiro, de dónde salió?” Fue entonces cuando me hicieron muchas entrevistas para darme a conocer. Incluso, aún conservo muchas que me hicieron Jess Lossada y Eladio Secades, que eran dos tremendos escritores que había entonces.

“PETE BOUQUET”

Pedro Ramos nació en San Luis, Pinar del Río, el 28 de abril de 1935. Debutó en las Ligas Mayores el 11 de abril de 1955, a los 20 años. En 15 temporadas, tuvo récord de 117-160 y 4.08.

Fue al Juego de Estrellas de 1959 y el 31 de julio de 1963, fue parte de cuatro Indios de Cleveland que dispararon jonrones consecutivos: Woodie Held, Pedro Ramos, Tito Francona y Larry Brown.

Siete veces ganó más de 10 juegos, seis veces lanzó más de 200 innings, incluyendo 274 en 1960. Y el 23 de septiembre de 1964, salvó dos juegos el mismo día para los Yanquis.

El 23 de julio de 1960, participó en el único triple play realizado por cubanos. Bateó Whitey Herzog de Kansas City, hacia Pedro, quien pasó a Julio Bécquer en primera y éste a Joe Valdivieso en el short.

Cuando se nacionalizó estadounidense, quiso cambiarse el nombre a Pete Bouquet, (Pedro Ramos) pero al final desistió. Mientras jugaba le llamaban el “Cuban Cowboy” por sus botas y sombrero.



“Los Yanquis son otra cosa”

Era la temporada de 1964 y enfrascados en una batalla por avanzar a los play-offs, los Yanquis adquirieron a Pedro Ramos para su bullpen. Y lo pusieron a cerrar juegos. En ese mes, Ramos tuvo récord de 1-0 y 1.25 con 8 juegos salvados en 25 intervenciones. Los cronistas de la época le llamaron “el paño de lágrimas” de los Bombarderos.

Ramos no fue elegible para la Serie Mundial porque llegó a los Yanquis después del 31 de agosto, fecha en que se define el roster de los play-offs, pero siguió en 1965 con 19 salvamentos y en 1966, con 13, antes de ser enviado a los Filis.



¿Y en Grandes Ligas, que fue lo mejor que te ocurrió?

Lo he dicho siempre: haber jugado tres temporadas con los Yanquis. Ese es un equipo especial, una franquicia ganadora, que tiene la fanaticada más exigente y que le gusta complacerla. Los Yanquis tienen una gran historia y en 1964 me uní a ellos y los ayudé a ir a la Serie Mundial, aunque no pude lanzar ahí porque llegué en septiembre al equipo.



¿Con quiénes de ellos hiciste amistad?

Bueno, con la mayoría. Por ejemplo, con Mickey Mantle tenía una relación de amistad desde mucho antes. Además, fui uno de los más gentiles con él, en lo que respecta a cederle más jonrones. Pero me llevé bien con Roger Maris, Joe Pepitone, Yogui Berra, que era el manager en un momento, Mel Stottlemyre, Whitey Ford y Tony Kubek.



¿Te quedó buen dinero del juego?

No, me quedó lo suficiente para vivir con ciertas comodidades, pero no es como se dice. Por ejemplo, se asegura que tengo negocios con el tabaco, eso no es cierto. En este momento no tengo ningún negocio. Yo vivo de mi pensión como jugador de beisbol, y vamos a ver cómo avanza lo del Bóer, con el que tengo un acuerdo, digamos, tentativo.
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