SáBADO 28 DE MAYO DEL 2005 / EDICION No. 23823 / ACTUALIZADA 03:00 am





EL HUMOR DE



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Peligro ambiental

Gerd Schnepel

Parece que el Instituto Nacional Forestal (Inafor) es una de las amenazas que sufre el medio ambiente en Nicaragua. Y literalmente es medio ambiente, pues la otra mitad ya la destruyeron.

Hay que recordar el escándalo del año pasado, cuando muchos funcionarios de esa institución fueron acusados de abusos de sus cargos. Sólo con eso se esperaba que varios de esos funcionarios salieran de esa institución. En lugar de eso, en los meses recién pasados leímos cómo la institución protectora de los bosques dio otra vez permisos inaceptables a gente en Comalapa y otras partes de Chontales y de la RAAS, para talar grandes áreas boscosas ¿Para qué? ¿Para que la desertificación avance más rápido?

Y el último susto, el Inafor por medio de su sucursal Boaco-Chontales (entonces una de las regiones más deterioradas, con ríos de piedras y polvo) se atreve a ordenar, planificar, administrar el sureste, una de las dos zonas del país, donde todavía existe bosque. En Nueva Guinea durante el llamado lanzamiento agrícola 2005 impulsaron también un programa de reforestación.

Dos de las cosas que quieren hacer con la dichosa planificación: sembrar tres mil arbolitos de por lo menos seis especies. Esto es un absurdo, tomando en cuenta que un productor agroforestal orgánico en la RAAS ya tiene en un área productiva de solamente una manzana mil arbolitos de por lo menos 30 especies, y en las áreas boscosas (naturales o reforestadas) mucho más.

¿Teca y madero negro entre los 6 especies? Suena como monocultivo y ganadería, dos factores desastrosos para el trópico húmedo. Y hasta nim y eucalipto quieren incluir, siendo el primero un árbol de zonas secas que sólo con grandes problemas aguanta la humedad y el segundo, también de zonas secas, chupa mucha agua, secando el suelo. ¿Será que lo quieren para secar los ojos de agua, los manantiales?

Tal vez nos salvamos de estas buenas medidas por la incapacidad de esta institución de poner cualquier cosa en práctica. Y si no es verdad esta afirmación, sólo permítanme recordar lo que citó doña Martina Oporta: “descubrieron a madereros que talaron bosques en áreas no asignadas”. Esto, doña Martina, es lo que vemos todas las semanas desde hace años y en cantidades grandes, y es lo que los periódicos están denunciando cada mes, pero al parecer el Inafor ahorita lo descubrió. ¿Hay esperanzas?

Nueva Guinea, RAAS
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