El socialismo avanza en Venezuela
Venezuela, bajo la conducción de Hugo Chávez, está caminando de manera acelerada hacia un sistema comunismo como el que se impuso en Cuba y se trató de imponer en Nicaragua.
“Sólo con el socialismo habrá una democracia plena de iguales, de justicia, de igualdad, de libertad”, proclamó el gobernante venezolano —con un discurso como el de Fidel Castro y Daniel Ortega— el 1 de mayo recién pasado, durante la celebración del Día de los Trabajadores. “El capitalismo es contrario a la democracia, es un modo perverso de dictadura, de una élite que se apropia de todo y le niegan todo a la mayoría; por el camino del capitalismo nunca habrá democracia verdadera”, agregó Chávez, quien amenazó también con que próximamente impulsará un “debate de ideas” (en realidad una campaña de lavado de cerebro, como fue la cruzada de “alfabetización” sandinista en Nicaragua) “para que prevalezcan los valores de una ética socialista”.
El proyecto chavista de socialización de Venezuela ha comenzado con una reforma agraria que está confiscando y expropiando fincas y latifundios para dividirlas en pequeñas parcelas y distribuirlas entre campesinos individuales, pero sobre todo en cooperativas, o sea las mismas características que tuvieron los desastres agrarios de México, Cuba y Nicaragua (en América Latina), así como de Rusia y China comunista, donde esas transformaciones en el campo causaron hambrunas que mataron a centenares de millones de personas.
En realidad, la Venezuela de hoy es ya casi igual a como fue Nicaragua después del 19 de julio de 1979; y como era Cuba en los primeros años de la revolución comunista: un país en permanente agitación política, con turbas que se toman las calles a cada momento y por cualquier motivo, con líderes que pronuncian discursos incendiarios contra la burguesía y el imperialismo, con palizas a personas opositoras e inconformes y, sobre todo, con el asedio constante a los medios de comunicación independientes que por lo general son el último bastión de la libertad que es arrollado por la vorágine totalitaria de la revolución.
Hugo Chávez ha consolidado prácticamente su poder absoluto en Venezuela. Ha derrotado en ocho elecciones consecutivas (la última vez en un referendo en el que hubo serias denuncias de fraude que no fueron investigadas) a la dividida y atemorizada oposición democrática, que además está desacreditada por la corrupción de sus líderes cuando estuvieron en el poder; domina los siete poderes formales del Estado (Ejecutivo, Judicial, Legislativo, Fiscalía, Contraloría, Defensoría del Pueblo y Corte Nacional de Elecciones); le pertenecen 20 de los 23 gobiernos regionales; y sobre todo controla el petróleo, el poder de los poderes de Venezuela, cuya explotación y beneficios el presidente Hugo Chávez usa discrecionalmente para financiar su “socialismo asistencial” y sus aventuras internacionales.
Y por supuesto que a la voluntad de Chávez están subordinados también los sindicatos y prácticamente todos los demás “organismos de masas” de Venezuela. Aparte de que dirige un poderoso y verticalista partido político de “vanguardia”, el Movimiento V República, que opera según el modelo del PCUS de José Stalin, el FSLN de Daniel Ortega y el Partido Comunista de Cuba de Fidel Castro.
Por otro lado, igual que ocurría en Nicaragua durante los primeros años de la revolución sandinista, en Venezuela Chávez cuenta con un abrumador respaldo popular, que según una reciente encuesta de la firma Datanálisis alcanza el 70.5 por ciento . Aunque curiosamente se trata de un apoyo personal a Chávez, no necesariamente a su proyecto socialista, pues la misma encuesta de Datanálisis reveló que el 77.2 por ciento de los encuestados “dijo estar en contra de que Venezuela siga el modelo de Cuba, y el 54.8 por ciento opinó que ese no es el propósito de Chávez”.
Acerca de esto también ocurre en Venezuela lo mismo que pasó en Nicaragua, que la gente no creía que “los muchachos” querían imponer el comunismo castrista, y cuando se dio cuenta ya el país había sido arrojado al abismo de la destrucción de la economía, los racionamientos, las represiones, la censura de prensa y la guerra civil. Lo mismo que ocurrirá en Venezuela si los venezolanos y la comunidad democrática internacional no reaccionan y detienen el avance del socialismo chavista, que hasta quiere tener poder atómico.

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